Peatones y conductores consideran que gestión en transporte es mala

Los resultados de la encuesta realizada por la Universidad Católica de Santa María son claros: el transporte en Arequipa es pésimo. 

Ni conductores ni peatones aprueban la labor que hace la municipalidad provincial, comunas distritales y la Policía respecto a este problema. Más del 90% califica el trabajo de las instituciones como malo.

De igual forma, entre el 80 y 90% de encuestados desaprueban el desempeño de los conductores en las vías.

Para el especialista en temas de transporte, Elvis Jump Gómez, la incompetencia de la comuna provincial de Arequipa para hacer frente al problema del transporte, “es monumental”.

Sostiene que Arequipa es una de las pocas ciudades de Sudamérica que no tiene concesiones de rutas de transporte público. Estas vencieron en 2008 y no fueron renovadas, por tanto las empresas solo trabajan con autorizaciones provisionales. “Eso significa que los operadores de transporte no puede invertir en renovar unidades”, sostiene.

Como los empresarios del sector no tienen la seguridad de continuar en la ruta, no arriesgan su inversión económica.

El especialista afirma que esa inestabilidad desencadena el desorden e informalidad y que vehículos con más de 20 años de antigüedad sigan en las vías, cuando las normas nacionales ya no lo permiten.

En 2008, las concesiones no fueron renovadas pues se esperaba la instauración del Sistema Integrado de Transportes (SIT). Sin embargo, por los problemas ya conocidos las licitaciones para concesionar rutas sufrieron retrasos y hasta la fecha no han concluido. Jump considera que es inaceptable culpar al Gobierno Nacional por el caos en Arequipa, ya que otras regiones como en Cusco se logró renovar las unidades de transporte. “La antigüedad de su flota promedio es de cinco años”.

Respecto a cómo se movilizan los peatones en las vías, explicó que en Arequipa no se tienen las condiciones necesarias de movilidad urbana, pues la señalización es deficiente. En el Centro Histórico, las señales de piso y las verticales son escasas, las cruces peatonales no están marcadas y los semáforos no están sincronizados. En pocas palabras, no se respeta al peatón.

LA REPÙBLICA