«Pepote» Ballester y Urdangarín, vidas cruzadas

pepote-ballester--620x349La ambición política no tiene por qué ser siempre mala, al contrario, pero en el caso de José Luis «Pepote» Ballester (Vinaròs, 1968) esa ambición le ha acabado conduciendo, finalmente, al banquillo de los acusados en el caso Nóos. Cuando a mediados de 2003 el entonces presidente balear, Jaume Matas, le ofreció a «Pepote» la posibilidad de ser el nuevo director general de Deportes autonómico, obtuvo una respuesta afirmativa de inmediato. Seguramente, habría sido mucho mejor pensárselo un poco.

A «Pepote» no le avalaba en aquel momento una dilatada trayectoria política, pues de hecho era casi un neófito en ese ámbito, sino su exitosa carrera como regatista, que alcanzó su cénit con la medalla de oro conseguida en los Juegos de Atlanta de 1996, en la clase Tornado. Otro valor que seguramente Matas también vio en «Pepote», algo más intangible, fue la buena amistad que el regatista mantenía desde hacía años con la Familia Real, en especial con Doña Cristina y con Don Felipe, reconocidos amantes de la vela. El Club Náutico de Palma fue testigo durante varios veranos de aquella cordial relación. El vínculo de afecto personal era tan fuerte en aquella época que la Infanta y el entonces Príncipe acudieron a la boda de «Pepote» con Nuria Bover en el otoño de 1998.

Por esos azares que a veces tiene la vida, que algunas veces denominamos suerte y otras fatalidad, «Pepote» también conocía desde hacía años a quien con el tiempo se acabaría convirtiendo en el marido de Doña Cristina, Iñaki Urdangarín. Ambos deportistas habían coincidido en la residencia Joaquín Blume de Barcelona a mediados de los años ochenta. Una década después, volvieron a coincidir, esta vez en Atlanta, pues Urdangarín formaba parte del equipo español de balonmano, que en aquellos Juegos consiguió la medalla de bronce ante el conjunto francés.

Una vez retirados los dos de la alta competición, «Pepote» optó entonces por la política y Urdangarín por los negocios, con la puesta en marcha del Instituto Nóos junto con Diego Torres. Sólo era cuestión de tiempo que Urdangarín propusiera a su viejo amigo —y a Matas— que Nóos colaborase con el Ejecutivo balear con diversos proyectos. A «Pepote» le pareció bien esa idea. Seguramente, habría sido mucho mejor pensárselo un poco.

La amistad entre Urdangarín y «Pepote» finalizó de manera abrupta cuando el antiguo regatista se mostró contrario a abonar una factura a Nóos por unos trabajos que presuntamente no habían sido realizados. Unos meses después, en las elecciones autonómicas de 2007, todo hacía prever que Matas repetiría como presidente autonómico. Sin embargo, perdió la mayoría absoluta con que contaba y ello favoreció la conformación de un Pacto de Progreso en Baleares, que presidió el socialista Francesc Antich.

Fue en esa nueva legislatura cuando el fiscal Anticorrupción Pedro Horrach y el juez José Castro empezaron sus investigaciones con respecto a un proyecto que, en principio, no tenía nada que ver con Urdangarín, la construcción del velódromo Palma Arena. El caso Palma Arena fue cobrando una entidad cada vez mayor, que derivó en la detención de cinco personas en el verano de 2009, entre ellas el antiguo director general de Deportes. Los arrestados fueron conducidos esposados hasta las dependencias judiciales, como se pudo ver en unas imágenes fotográficas y televisivas que en su momento fueron objeto de una gran polémica. Fue el inicio de la peor época vivida por «Pepote», que enfermaría de leucemia poco después. Se sintió también entonces abandonado por todos sus amigos, sin excepción.

El juez Castro siguió indagando, abrió varias piezas separadas del caso Palma Arena y una de ellas acabó siendo conocida como el caso Nóos. «Pepote» empezó a colaborar entonces con la justicia y a reconocer hechos presuntamente delictivos. Los caminos de «Pepote» y de Urdangarín se han vuelto a cruzar de nuevo ahora, pero esta vez no los ha reunido ni el deporte, ni el afecto, ni la política, sino una causa judicial. En su declaración de este martes, «Pepote» parecía haber asumido por fin que, seguramente, habría sido mucho mejor pensárselo todo un poco.

ABC