Jugando a la gallinita ciega, por Juan Paredes Castro

base_imageLa primera dama Nadine Heredia y la presidenta del Congreso, Ana María Solórzano, han resuelto jugar, cada cual por su lado, a la gallinita ciega, que consiste en encontrar lo que buscan con los ojos vendados:

–Gallinita, gallinita, ¿qué se te ha perdido en el pajar?

–Una aguja y un dedal.

–Da tres vueltas y los encontrarás.

Ambas señoras, investidas de amplios poderes, la una por vínculo conyugal con el presidente Ollanta Humala y la otra por designación parlamentaria, han demostrado en los últimos días su gusto por no querer ver lo que pasa a su alrededor y, para colmo, por preferir andar a tientas, en el divertido afán de tocar y manipular una coyuntura política que no tiene nada de ciega.

En una coincidente metáfora, en su columna de Somos de ayer, Mario Ghibellini dice: “…alegrarse pensando que el refugio legal obtenido con el hábeas corpus la pone [a la señora Heredia] a salvo de la tormenta política en que está envuelta es tan pueril como la creencia, común en los niños de corta edad, de que taparse los ojos equivale a esconderse”.

Nadie en este país quisiera llevarse el dedo a la boca creyendo lo que Nadine Heredia y su abogado Aníbal Quiroga quieren que creamos: que la jueza María Niño Palomino ha actuado con independencia a la hora de bloquear la investigación fiscal por recepción triangulada de 216 mil dólares entre el 2005 y el 2009, provenientes de Venezuela. Encima, Quiroga persigue también bloquear, vía judicial y sin duda bajo presión política, toda investigación fiscal vinculada a la misma conexión, entre el 2009 y el 2015.

Así, los abogados Quiroga y Eduardo Roy Gates y, por último, hasta el presidente del Poder Judicial, Víctor Ticona (¿poniendo él las manos al fuego por la jueza Niño Palomino?), han entrado también en el juego de la gallinita ciega. Y no tardarán en meter al ruedo de los ojos vendados al Tribunal Constitucional.

¿Y todo para qué?

Para que en poco tiempo revienten los secretos del hilo de la madeja de Rocío Calderón Vinatea, la amiga y alta funcionaria del Estado que prestó la tarjeta de crédito a la primera dama y ahora revelada pareja de Marcos de Moura Wanderley, personaje involucrado en las investigaciones por corrupción en Brasil.

El destape, fuera de control del doctor Quiroga, será pues más grande y más grave, y no habrá fiscal ni fiscalía que aguante otro hábeas corpus, como cuando se produjo el derrumbe del régimen de Fujimori y Montesinos.

La señora Solórzano, por su parte, todavía cree en la posibilidad de encontrar la inocencia del congresista Alejandro Yovera perdida en un pajar, cuando todo el mundo espera que ella simplemente tramite su inhabilitación por sentencia judicial vigente. Jugar a la gallinita ciega, como presidenta del Congreso, expone a su institución a una horrorosa complicidad con Yovera y a una innecesaria confrontación con el Gobierno, que reclama sustentar su pedido de facultades legislativas, ¡al más puro estilo Cateriano!

EL COMERCIO