El caso de la deuda argentina: La dimensión internacional

dyn01_4.jpg_1718483346El caso de los fondos buitre en Argentina tiene implicaciones que sobrepasan sus fronteras porque simplemente podría implicar la reestructuración del sistema financiero.

 

En una situación sin precedentes, el 30 de julio la agencia calificadora Standard & Poors declaró a Argentina en “impago selectivo”, luego de que el juez neoyorquino Thomas Griesa bloqueara los pagos que el país había depositado para el 93 por ciento de los acreedores de su deuda sobrerana, reestructurada en 2005 y 2010. El Gobierno argentino respondió que no existía tal impago, porque el país ya había pagado (el dinero se encuentra actualmente en manos del Banco Mellon de Nueva York, encargado de tramitar los pagos) y tiene los recursos y seguirá pagando. Esta absurda situación -un “impago” sin relación alguna con problemas económicos, forzado por un juez estadounidense contra la voluntad tanto de Argentina como de sus acreedores- viene luego de diez años de batalla legal en cortes de Estados Unidos entre el Gobierno argentino y la empresa de cobertura de fondos perteneciente al billonario Paul E. Singer.

 

Singer nunca prestó dinero al país. Diez años atrás su empresa compró por muy poco dinero el uno por ciento de los bonos impagos en 2001 y rehusó a aceptar un acuerdo aceptado por el 93 por ciento de los acreedores luego de 2005, con la esperanza de obtener ganancias exorbitantes por medio de una campaña legal hostil. En una sentencia (considerada universalmente como pobre e incoherente), el juez Griesa -de 84 años- decidió que Argentina tenía que pagar la cantidad total reclamada por los fondos buitres y que no se aceptarán pagos a los bonos reestructurados hasta que el país cumpla. Ni siquiera los bonos emitidos en divisas distintas al dólar y bajo la legislación de otros países.

 

Como el folleto de los bonos reestructurados estableció que cualquier acuerdo mejor ofrecido a un solo dueño puede ser reclamado por el resto, la sentencia de Griesa pone a Argentina en una posición extremadamente difícil. Si el país obedece al juez y paga a los acreedores, arriesga diez años más de batallas legales del 93 por ciento de los restantes. Es más, la carga de la deuda se remontaría a la situación de 2001, la cual causó el impago en primer lugar. Bastante comprensible, Argentina escogió lo menos malo: luego del fracaso de las negociaciones con los fondos buitre, el país decidió no obedecer la absurda orden de Griesa. Como Singer no pudo obtener el dinero que reclamó, el juez congeló los fondos que el Banco Mellon de Nueva York ya había recibido, dejando la situación en un limbo legal -ni propiedad de Argentina ni a las manos de los acreedores reestructurados. Esta situación es lo que las agencias calificadoras se adelantaron en llamar “un impago selectivo”.

 

Lo que inició como una disputa entre un país y una empresa, luego se hizo evidente que la medida tendría efectos más allá de las partes involucradas. Actualmente la mayoría de los países -incluyendo la administración Obama, la Comisión Europea, el G77 + China, el BRICS y la Unasur-, organismos internacionales como el FMI, la OEA, más de cien organizaciones de derechos humanos -incluyendo la Ligue de Droits de L´Homme, Conectas Direitos Humanos, CLADEM y la Federación Internacional de los Derechos Humanos- y cientos de políticos, académicos y ganadores del Premio Nobel en todo el mundo han apoyado la posición de Argentina. Algunos de ellos difícilmente puedan ser considerados como amigos de Argentina. La mayoría de las declaraciones en apoyo al país apuntan que un dictamen a favor de los fondos buitre por parte de Griesa, afectaría la estabilidad de todo el sistema financiero internacional, haciendo virtualmente imposible que los países puedan reestructurar su deuda luego de los impagos. “Hemos tenidos muchísimas bombas arrojadas alrededor del mundo, y esto es Estados Unidos arrojando una bomba al sistema económico mundial”, afirmó el economista Joseph Stiglitz. “No sabemos que tan grande será la explosión, y no se trata solo de Argentina”. Personalidades estadounidenses han elevado su preocupación sobre si la reputación de Nueva York como centro financiero se encuentra en entredicho gracias a los absurdos de Griesa.

 

La irracionalidad y lo flagrante de la sentencia de Griesa, hace que cualquiera se sienta tentado a considerar este caso como el de una persona confundida y muy mayor de edad, quien no se encuentra en control de la situación. Ciertamente, las transcripciones de las últimas audiencias en su Corte muestran que el juez de 84 años ha tenido problemas en darle seguimiento a este caso. Sin embargo, esta sería una explicación incompleta para explicar los acontecimientos actuales, dado que todo el sistema judicial de Estados Unidos (incluyendo la Suprema Corte) ha respaldado al juez neoyorquino, a pesar de ser contrario a la recomendación de la administración Obama. No se trata solamente de la política doméstica del Gobierno de Estados Unidos. Existe otro problema sistémico en riesgo en este caso: no se trata solamente de la estabilidad del sistema financiero internacional, sino también sobre el rol de los Estados Unidos como líder mundial.

 

La supremacía de los Estados Unidos no está en riesgo, o por lo menos no por ahora. El modo preciso en que esa supremacía es aplicada parece estar en un punto de inflexión. Y así lo ha estado por más de una década. Para ponerlo en lenguaje simple, los Estados Unidos parecen estar desgarrados entre dos opciones. Las transformaciones del sistema mundial lo empujan a convertirse en una especia de rey con poderes limitados, que comparte porciones de su autoridad con otros gobiernos y organizaciones internacionales, y por esa sola razón, está sujeto a regulaciones globales. La otra opción sería mantenerse como autócrata mundial y monarca absoluto que no sigue leyes ni instituciones diferentes a las propias. Mientras algunos actores políticos dentro de los Estados Unidos están felices de apoyar la primera opción, la posibilidad de la segunda ha generado mucha ansiedad y resistencia entre otros actores.

 

La dimensión internacional del caso de la deuda Argentina puede entenderse mejor bajo esta luz. Gran parte del apoyo a Argentina, como hemos visto, parte de una amplia preocupación sobre la estabilidad y predictibilidad del sistema financiero global, lo que requeriría una especie de regulación global independiente de los intereses e instituciones de un solo país. A su vez, este requisito enfrenta bastante resistencia de ciertos actores financieros -principalmente los fondos buitre, agencias calificadoras norteamericanas y similares- pero también de poderosas fuerzas políticas en Estados Unidos, particularmente los Republicanos. No debería ser sorpresa que Griesa es un connotado republicano, mientras que Paul Singer es un donante republicano (en su caso, de la llamada orientación “libertaria”). Esta encrucijada ha sido abiertamente expresada en la prensa de Estados Unidos. Mientras el periódico New York Times ha publicado artículos fustigando a Griesa como un juez incompetente que averguenza a los Estados Unidos, el Wall Street Journal furiosamente declaró:

 

“El impago es tan ilógico que eleva la pregunta de si Mr. Kicillof (ministro de Economía argentino) está invitando de alguna manera a que el Fondo Monetario Internacional y los liberales estadounidenses aceleren su campaña para poner las negociaciones de la deuda en manos de una nueva burocracia global. Esto daría mayor impulso a los deudores y políticos a expensas de los mercados internacionales y las cortes de Estados Unidos -que probablemente demandarán a un antiguo profesor de Economía como Kicillof, quien parece pensar que el impago podría convertirlo en un héroe político sin costo alguno. El mejor resultado para ambas partes, especialmente Argentina, sigue siendo que Buenos Aires negocie de buena fe y evite el impago. Pero de rehusarse, el juez Griesa merece el apoyo de todo aquel que le importe la integridad de los mercados financieros de Estados Unidos, por defender la ley y los derechos de propiedad privada de Estados Unidos”. (artículo titulado “American Dances With Default”, publicado en el Wall Street Journal el 27 de julio de 2014).

 

Mayor o menor poder para mercados e instituciones estadounidenses sin regulación: esto también está en juego en el caso de la deuda Argentina. El resultado probablemente tenga efectos a largo plazo del orden mundial, para mal o para bien.

 

Una conversación con Eric LeCompte

 

Una de las organizaciones más activas en la campaña internacional por Argentina ha sido la llamada ´Jubilee USA Network´, una alianza de más de 75 organizaciones estadounidenses, 400 comunidades religiosas y 50 socios globales, enfocadas en reformar las reglas económicas para proteger a los más vulnerables. Contacté a su director ejecutivo, Eric LeCompte, para discutir las repercusiones internacionales de este caso:

 

Eric LeCompte: Las implicaciones de este caso son globales. El dictamen de la Suprema Corte (de EE.UU.) hará más difícil que los países pobres reestructuren sus deudas, disminuirá la influencia de Nueva York como centro financiero y amenazará los 15 años de política bipartidista estadounidense de condonación de deudas. Para los países pobres como la República Democrática del Congo y Grenada, esta decisión es profundamente problemática. Los fondos de cobertura depredadores ahora tienen un precedente legal que pueden usar para litigar a países pobres hasta la sumisión. Pero al mismo tiempo son malas noticias para Nueva York. Los países buscarán firmar contratos de deudas en Londres, París o Frankfurt, donde el sistema legal no ha promovido este tipo de comportamiento depredador.

 

Estamos de acuerdo con las preocupaciones del FMI de que esta sentencia hará mucho más difícil que los países reestructuren sus deudas. La condonación de las deudas han tenido un enorme impacto en las vidas de las personas alrededor del mundo. Todos los países que han recibido una condonación de la deuda han visto la mortalidad infantil descender, y la inversión en educación y salud aumentar. Se construyeron escuelas, se emplearon maestros y se hicieron exenciones a los impuestos a la salud y educación. Aquí en los Estados Unidos, la condonación de la deuda fue respaldada por ambos partidos políticos mayoritarios. Pero esta sentencia judicial hará mucho más dificil que los países obtengan una condonación de la deuda. El mensaje de la sentencia, desafortunadamente, es que es beneficioso esperarse. Esto hace que el compromiso y la negociación sea mucho más difícil.

 

EA: ¿Usted cree que existen posibilidades de que el apoyo internacional a Argentina podría abrir la vía para los actuales cambios en las reglas del financiamiento internacional?

 

ELC: Ha habido un notable consenso internacional en este caso, y estamos esperanzados que el aspecto positivo de la decisión judicial sea el ver transformado este consenso en acciones significativas. Necesitamos un sistema de resolución de problemas de deuda que sea justo, transparente y que tome en consideración las necesidades de las personas viviendo en la pobreza. Creo que el impulso está a favor de una reforma importante. Este caso ilustra la necesidad para esas reformas.

 

En la mayoría de las economías domésticas tenemos alguna forma de bancarrota. Desafortunadamente, todavía carecemos de un proceso internacional de bancarrota para los países. Esa especie de proceso internacional fue el llamado realizado por el padre de la Economía moderna, Adam Smith. Si este proceso estuviera activo, Argentina nunca hubiera caído en impago y los fondos buitres se hubieran visto forzados a sentarse en la mesa de negociaciones. Considero que hay un creciente llamado para la creación de sistemas que protejan comunidades vulnerables de las conductas depredadoras. El Gobierno de Estados Unidos, el FMI, el Banco Mundial, las Naciones Unidas, todos entienden las implicaciones de este caso. Hay esperanza de que esta dañina decisión judicial traiga consigo una reforma positiva.

 

EA:¿Cúales son los posibles escenarios de Griesa no autorizar los pagos?

 

ELC: Ha habido bastante especulación sobre lo que hará o no Argentina luego de las secuelas inmediatas de la decisión de la Suprema Corte. Sus opciones han sido limitadas y si las negociaciones fracasan, esas opciones disminuirán aún más. En ese escenario, pienso que Argentina intentará encontrar alguna vía para pagar a sus acreedores sin someterse a la legislación de Estados Unidos. Sin importar la ruta que tome Argentina, sus ciudadanos serían los primeros en verse afectados por la sentencia, pero no serían los últimos. De cualquier manera que Argentina resuelva esta caso, el precedente a nivel mundial que este caso creó, está para quedarse. El daño a países fuertemente endeudados en Latinoamérica, África y el Caribe ya está hecho, a menos que todos trabajemos unidos en deshacerlo.

 

EA:¿Cúales son las probabilidades que tiene Argentina de escaparse utilizando otras opciones legales (doctrinas inexploradas por Estados Unidos como el Champerty o las cortes internacionales, por ejemplo)?

 

ELC: Opciones legales alternativas no son probablemente una posibilidad en este momento. De nuevo, esto se remonta a la pregunta de cómo los problemas sobre deuda internacional son resueltos. ¿Existe un sistema justo e imparcial para evaluar la capacidad de un país de pagar su deuda? ¿Acaso ese sistema toma en consideración las necesidades de los ciudadanos de ese país? ¿Acaso trata a los acreedores equitativamente? ¿Acaso alienta o desalienta la actitud especulativa y depredadora? Necesitamos un sistema que pueda resolver los problemas de la deuda de un país de una manera justa y transparente. Esta fue la realidad de Argentina hace 13 años cuando cayó en impago por primera vez. Y sigue siendo la realidad.

 

*Ezequiel Adamovsky es un historiador y activista político argentino que ha escrito artículos y libros sobre historia intelectual, globalización, anticapitalismo y política de izquierda.

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