Seguimos vivos, por Carlos Bruce

base_image (1)En los últimos días se han venido diciendo tantas expresiones absurdas contra la homosexualidad y los homosexuales que no puede menos que sorprendernos por lo chocante que resultan para la racionalidad. Son ideas que van desde lo antropológico continuando por el ADN y terminando en citas bíblicas. Al extremo de haberse colgado en paneles públicos ofensas hirientes contra la dignidad de millones de peruanos. Todo esto en oposición al proyecto de unión civil que he presentado para reparar la visible injusticia que afecta a un importante sector de la población.

Como hombre libre, fiel a mis principios e ideales, creí conveniente hacer pública mi orientación sexual, sin cálculo político alguno a pesar de los ataques que sabía que recibiría en estos tiempos de intolerancia mayoritaria por parte de los sectores más recalcitrantes de nuestra sociedad que se oponen irracionalmente al cambio hacia una sociedad más justa e inclusiva. Actúo según mi conciencia y dignidad de ser humano para afrontar todo lo que sobrevenga en este camino que he de seguir por una verdadera causa. Lo hago para procurar una sociedad más tolerante, justa y solidaria.

Lo que no esperaba es el grado de odio e intolerancia de los sectores homofóbicos antes y después de mi revelación, donde en lugar de amor al prójimo existe mucho odio. Sobre todo después, donde los ataques cobardes en las redes sociales son de todo calibre.

Sin embargo, en compensación, tampoco esperaba el casi unánime respaldo y solidaridad recibidos por parte de los sectores más preparados de nuestra sociedad, como políticos, periodistas, artistas, estudiantes y gran parte del público en general. Todos aquellos que valoran de buen grado la dignidad e integridad de las personas, lo cual me complace enormemente y les agradezco de todo corazón. Esto me anima y fortalece aun más para continuar en mi lucha por la igualdad.

No puedo dejar de agradecer de modo muy especial la comprensión y apoyo incondicional de mis queridos hijos, en quienes encuentro una razón importante para vivir. Con ellos formo una familia feliz en la que nada ha sido óbice para cumplir a cabalidad mi deber de padre.

Tengo ya lo que necesito para alzar mi voz coincidiendo quizá con el de miles y miles de ciudadanos que silenciosamente padecen una injusta discriminación por su orientación sexual. Se trata de ciudadanos capaces que estudian y que trabajan y producen exitosamente en su país tan igual o mejor que cualquier otra persona heterosexual. No hay razón válida para no reconocer a una persona homosexual el derecho de elegir a su pareja para compartir sus vidas en un proyecto de realización personal. Es una injusticia que no podemos seguir soportando.

Siempre he creído que la orientación sexual no hace a nadie ni mejor ni peor persona y que no es aceptable que se le niegue derechos en razón a ello. Más aun si se trata de una minoría.

Lo que realmente espero es que mi decisión de hacer pública una parte de mi vida privada es que pueda ayudar a los miles de adolescentes que tienen una orientación sexual distinta a la de sus amigos y que por ello son rechazados por su familia, amigos y hasta por la Iglesia. Son personas que sufren un tormento cotidiano sin poder hallar sentido a su existencia al punto de contemplar el suicidio como solución a sus problemas. Que sepan que la orientación sexual no tiene nada que ver con el éxito en la vida y su realización personal. Homosexuales los hay en todas partes desempeñándose en distintos campos: son congresistas, ministros, funcionarios, empresarios, policías, sacerdotes, etc. Lo que cuenta es que tengan un objetivo vital que les dé sentido a sus vidas y se preparen y esfuercen con ahínco para alcanzar sus metas.

En la gran Marcha por la Igualdad he podido ver de cerca y sentir el anhelo de miles y miles de ciudadanos, entre homosexuales y heterosexuales, padres e hijos, ricos y pobres, amigos y conocidos, en busca de una sociedad que sea más digna donde vivir. Esto me hace ver que estoy del lado correcto en la historia de los derechos humanos. Asimismo, me ha dado más convicción para luchar por una causa por la que vale la pena jugársela, asumiendo mi responsabilidad con entereza absoluta.

EL COMERCIO