El “liberalismo” de El Comercio

screenshot.141Hace unos días el diario El Comercio publicó una editorial en la cual no solo respondía al PresidenteOllanta Humala quien,en días pasados, había hablado sobre la “vergonzosa” concentración mediática en el país sino también –y ello es lo más importante- fijaba su punto de vista respecto a este tema.
No hay que tener miedo a un debate público sobre el tema de la concentración de medios y de la necesidad de una nueva regulación de los mismos, mediante un organismo independiente, así como respecto al rol de los medios de comunicación en una democracia, para garantizar así la libertad de prensa, de expresión, de información, los derechos de los ciudadanos y de los propios periodistas pero, sobre todo, para fortalecer y profundizar la democracia.

 

 

 

Alberto Adrianzén M.

Alberto Adrianzén M.

DisonanciasParlamentario Andino 

Para El Comercio, regular la propiedad en el mercado mediático no es posible porque son los consumidores y su libertad de elegir los que deciden cómo se estructura dicho mercado: “Iremos al grano. No existe cuota de mercado alguna que un medio escrito pueda tener durante cualquier plazo significativo que no provenga de los ciudadanos que lo escogen y consumen. Las cuotas que un grupo pueda “adquirir” comprando otros diarios no son fijas, como se nos quiere hacer creer, ni garantizan nada: la ciudadanía puede volverlas en cero el día –cualquiera– que deje de consumir los diarios del grupo en cuestión y empiece a preferir otros. Los consumidores, pues, son los que tienen la última y definitiva palabra a la hora de “concentrar” o “desconcentrar” cuotas de un mercado y la ejercen, de hecho, de manera muy activa y contundente” (El Comercio: 05/01/14).

Si se aceptara este enunciado se podría tener, hipotéticamente, un mercado mediático en el cual el 100% esté controlado (y concentrado) por una sola empresa ya que son los consumidores, esta suerte de soberano en una sociedad de mercado, los quefinalmente deciden.

Si El Comercio fuese mínimamente consecuente con lo que pregona, tendría que aceptar que es posible una “dictadura de mayorías”, algo que, por cierto, aterra a los liberales ya que limitaría la libertad de los ciudadanos al construirse una sociedad “homogénea”. Por eso, para el liberalismo, lo que permite el ejercicio de la libertad de un individuo es el pluralismo y no solo una abstracta “libertad de elegir”. Sin el pluralismo no es posible la libertad ya que no hay posibilidad de elegir, es decir de ejercer el derecho a la libertad.

Un buen ejemplo de ello es la legislación estadounidense que regula a los medios de comunicación y que se sustenta en tres principios básicos: la diversidad, el localismo y la competencia, que poco o nada tienen que ver con la “filosofía” de El Comercio.

Se podría decir, citando a KariBallot-Lena, que “la diversidad, la pluralidad de fuentes de información y la competencia son consideradas como cimientos para construir una democracia bien informada y una sociedad libre”.

No es extraño, en ese contexto, que en EEUU esté prohibida, específicamente, la fusión de dos o más de las cuatro principales redes de televisión (ABC, NBC, CBS y Fox) o que, para garantizar la pluralidad mediática, se establezcan cuotas respecto a los porcentajes de audiencia de cada canal de televisión.

También se puede regular a los medios escritos. En Inglaterra, en octubre del año pasado, el gobierno conservador británico aprobó un nuevo sistema regulador de la prensa para poner fin a lo que ellos llaman la “cultura del escándalo” y proteger a las personas que son “maltratadas por la prensa”.

Con ello se abre la posibilidad de que exista un organismo regulador, independiente del Estado y de los propietarios, que es respaldado por los tres partidos, el sindicato de periodistas y una organización de damnificados por la prensa, presidida por el actor de cine HughGrant.

En nuestro país, El Comercio no defiende los derechos de los ciudadanos sino, claramente, los propios. Y es que el Grupo El Comercio (GEC) no es solo mediático, es, en realidad, un conglomerado económico en el que participan otros intereses y sectores ligados a ramas sin relación con medios de comunicación, como construcción, líneas aéreas y a educación,en los últimos tiempos.

Estamos ante un grupo económico y de poder con un poderoso brazo mediático, que busca, como lo ha expresado el actual director del decano, Fritz Du Bois, primero ser los “fiscalizadores de los poderes”, y segundo, ser los “intermediarios entre el poder y la población”, para resguardar y proteger sus propios intereses y no el de los consumidores y menos el de los ciudadanos.

Lo que pretende el GEC, además de un “trato directo” con el poder de turno, es establecer alianzas políticas con aquellos personajes y partidos que defienden sus intereses y puntos de vista.

Las portadas de El Comercio, Perú 21 y Correo del jueves 9 de enero,que tratan de limpiar a Alan García e impedir que la “megacomisión” del Congreso continúe las investigaciones, son la mejor demostración de cómo el grupo se mueve en el ámbito político y de sus pretensiones para el 2016.

Otro ejemplo es la campaña sistemática de estos diarios y medios audiovisuales contra la alcaldesa de Lima Susana Villarán. El “machacado” mensaje es que Lima nunca más sea gobernada por una fuerza progresista.

No hay que tener miedo a un debate público sobre el tema de la concentración de medios y de la necesidad de una nueva regulación de los mismos mediante un organismo independiente, así como respecto al rol de los medios de comunicación en una democracia, para garantizar así la libertad de prensa, de expresión, de información, los derechos de los ciudadanos y de los propios periodistas pero, sobre todo, para fortalecer y profundizar la democracia. No hacerlo es aceptar que sean los grandes propietarios y la pura lógica del mercado los que deben gobernar este país.

(*) Parlamentario Andino

Diario La Primera