Dos décadas de libre comercio

screenshot.140Hace veinte años, en 1994, entró en vigencia el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) entre México, Estados Unidos y Canadá, dando inicio a la era del libre comercio en el continente, cuyo mayor grado de desarrollo se ha alcanzado con la Alianza del Pacífico (2011), en la que se armonizan el TLCAN con todos los TLC posterioresque se fueron firmando desde entonces en el hemisferio.

 

Carlos Alonso Bedoya

Carlos Alonso Bedoya

Economía disidente 

El TLCAN a mediados de los noventa venía con la promesa de igualar a México con el desarrollo alcanzado por sus vecinos del norte. En plena década de hegemonía neoliberal en toda América Latina, ese acuerdo al que habían llegado los mexicanos significaba la ruta a seguir por todos los demás países del patio trasero. Por eso, cuatro años más tarde (1998) se embarcaron en el negocio del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). La foto oficial de la Cumbre de las Américas en Chile ese año, donde todos los presidentes posaban sonriendo con Bill Clinton, daba cuenta de un continente totalmente pro Washington y unánimemente democrático en los términos que imponía el Banco Mundial y el FMI.

Pero como el ALCA fue enterrado en el 2005 ya en plena década chavista, la estrategia de un solo TLC que una a toda América en la onda de la liberalización arancelaria y la protección a raja tabla de inversiones extranjeras fue dejada de la lado, y los TLC bilaterales empezaron a proliferar entre los países que aún seguían fuertemente influenciados por Estados Unidos: CAFTA DR (Centro América, EEUU y República Dominicana), TLC EEUU-Chile, TLC EEUU-Perú, TLC EEUU-Colombia, y una serie de estos acuerdos entre todos estos actores con Canadá y entre ellos, dando forma a lo que ahora podemos denominar como ALCA del Pacífico, que va desde Alaska hasta la Patagonia chilena por toda la costa oeste con la única excepción de Ecuador.

Veinte años después está demostrado que el libre comercio de los TLC poco tiene que ver con el desarrollo y la superación de la pobreza. Durante el fuerte golpe de la crisis global en el 2008-2009, México fue el país que más sintió la pegada. México se desindustrializó, quedó más atado a la economía estadounidense (y por tanto a sus crisis), vio crecer déficits comerciales (cuando la idea era tener superávits), entre otros fuertes impactos.

A México le fue peor que si no hubiera tenido un TLC, como bien han dicho Alejandra Alayza y Mark Weisbrot en los últimos días. Y eso marca el derrotero de los demás TLC de la región. Basta decir que el Perú, desde que tiene TLC con Estados Unidos tiene déficit comercial con ese país. Peor aún, Alayza y Weisbrot coinciden en que a los trabajadores norteamericanos tampoco les fue bien con el TLCAN pues sus salarios cayeron y se perdieron empleos.

Y ahora que se habla de industrialización, cadenas de valor (donde el lugar de la producción esté cerca del de consumo) y mercados internos ampliados para poder enfrentar la crisis global, la era del libre comercio que comenzó en 1994 en el continente está claramente agotada.

Diario La Primera