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Libertad humana: ¿de cuánta disponemos?

Para explorar este tema, comenzaremos con las teorías del deterrninismo que sos­tienen la existencia de restricciones a la libertad humana (situaciones en las que no somos libres de actuar); a continuación, examinaremos el existencialismo, posición ética que insiste en que tenemos libertad radical y total. Por último, consideraremos las condiciones bajo las cuales una persona podría no ser moralmente responsable de cometer actos inmorales y concluiremos con un análisis de las respuestas apro­piadas a males masivos, como el Holocausto.

Deterrninismo

Entre los temas centrales que intervienen en la teoría ética se encuentra el siguien­te: ¿de cuánta libertad disponemos? Si carecemos de libertad, entonces no podemos asumir la responsabilidad de nuestras decisiones morales. Si nuestras acciones se hallan determinadas, entonces la naturaleza humana, la sociedad, Dios u otras fuer­zas que rebasan nuestro control deben ser los responsables de todo cuanto acon­tece. Sólo si nuestras acciones son libres podemos asumir la responsabilidad por ellas. Como el grupo de rock Rush afirma, el libre albedrío (“Free Wül”) es el tema central de la teoría ética.

Algunos filósofos han sostenido que las acciones humanas no son libres. Co­nocida como deterrninismo, esta postura sostiene que leyes causales rigen todos los acontecimientos en el universo. Distingamos dos formas-principales de deterrninis­mo: el deterrninismo inflexible (también llamado duró) y el deterrninismo flexi­ble (a veces llamado blando) (figura 10.2). Aunque podamos pensar que actuamos libremente, el deterrninismo inflexible insiste en que esta creencia no es más que una ilusión; lo cierto es que cada una de nuestras acciones está determinada por factores más allá de nuestro control. Desde el punto de vista del deterrninismo inflexible, puede no haber responsabilidad moral; una vida delictiva que puede parecer libremente elegida es en realidad producto de la herencia y el entorno, y no podemos culpar legítimamente a un individuo a causa de influencias genéticas o sociales que se encuentran más allá de su control.

El deterrninismo o compatibilidad flexible afirma que el deterrninismo y su opuesto, el libre albedrío, son compatibles. Comparte con el detenránismo in­flexible la creencia de que todas las acciones humanas están determinadas y acepta el papel que han desempeñado nuestras experiencias tempranas, incluidas las de­cisiones que tomamos durante la niñez, en convertimos en lo que somos en la ac­tualidad. En la medida en que mi acción sea causada por alguna fuerza extema, yo no puedo responsabilizarme por ella, como cuando me obligan o prohiben hacer algo. No obstante, en la mayoría de los casos debo aceptar la responsabilidad. Si las “causas” de mis acciones son internas (parte de mi proceso de razonamiento), entonces mi voluntad es libre y soy responsable de mis actos j de mis decisiones.

Las investigaciones recientes en el campo de la psicología han dado un giro interesante a la cuestión de la libertad humana. Si partimos de la afirmación de John Gray de que los hombres son de Marte y las mujeres de Venus, hay una tendencia entre algunos psicólogos a afirmar que existen predisposiciones de género innatas o casi innatas. Si nacemos de cierta manera, ¿cómo podemos ser responsables de ello? Algunos teóricos que trabajan en lo que se ha llamado psicología evolutiva han realizado sugerencias audaces que se han convertido en verdaderas polémicas: los hombres son polígamos y las mujeres, monógamas. Las mujeres eligen a su pa­reja con base en la riqueza y el estatus; mientras que los hombres eligen a la suya con base en el potencial reproductivo. A principios del año 2000, Randy Thornhill y Craig T. Palmer argumentaron qué puede comprenderse mejor la violación si se la considera un acto sexual enraizado en la evolución. Su libro, A Natural History ofRape: Biological Bases of Sexual Coerción,^ parece sugerir que gran parte del comportamiento actual de los humanos es resultado de las conductas que desarro­llaron durante la Era del Pleistoceno, hace millones de años.30 Lo que debemos pre­guntamos es si, aunque esto fuera cierto (lo cual muchos siguen dudando), habría una base en el mundo moderno que pudiera justificar la violación, un crimen que la sociedad no aprueba.

deterrninismo inflexible afirma que la voluntad de un individuo no es libre, sino que es determinada por factores ajenos a su control y/o responsabi­lidad.

deterrninismo o com­patibilidad flexible opinión que afirma que, aunque algunas de las elecciones individuales son determinadas por experiencias previas, la voluntad del individuo es libre.

existencialismo destaca la singularidad y libertad de la persona como indi­viduo (lo que convierte cada vida en una expe­riencia única y personal) en oposición a la esencia del ser humano (lo que nos hace a todos iguales) existencialismo ateo opinión que sostiene que, puesto que Dios no existe y tampoco existen las leyes morales que derivarían de su existencia, los indivi­duos tienen libertad para determinar su propia naturaleza humana por medio de elecciones de las que son responsables.

Existencialismo: un concepto radical de la libertad

 

En marcado contraste con el determinismo, el existencialismo afirma la libertad absoluta del individuo, que podemos llamar indeterminismo. Hemos estudiado algunos existencialistas religiosos (Kierkegaard, Buber y Tillich) en el capítulo 4, pero ahora nos centraremos en el existencialismo ateo, que se desarrolló en Eu­ropa en el curso del caótico periodo intermedio entre las dos guerras mundiales. Ante el impacto de la realidad de la “falta de humanidad del hombre hacia el hom­bre”, algunos filósofos rechazaron los viejos postulados que, en su opinión, podrían haber producido el mundo posmodemo o que, al menos, eran inadecuados para hacerle frente. Al rechazar las aseveraciones de la verdad universal y de la fe en Dios, por creerlos incompatibles con la incertidumbre y la brutalidad de la realidad, afirmaron el carácter único de la existencia del individuo.

No existe esencia fija alguna, insistía el filósofo francés Jean-Paul Sartre. Una persona no está determinada por la herencia ni supeditada al entorno, sino que en todo momento es un ser libre que puede hacer realidad cualquier posibilidad. La tradición racionalista griega y las tradiciones religiosas judeocristianas se habían equivocado, en opinión de Sartre, al afirmar que toda persona poseía cierta esencia como ente pensante o creación divina. Tales esencias producen el efecto de limitar las posibilidades de una persona y de determinar cómo pueden ser su vida y sus decisiones.

Como visión alternativa, Sartre propuso que la existencia precede a la esencia. En otras palabras, una persona existe primero como individuo único y sin defini­ción alguna preconcebida que pueda determinar lo que llegará a ser; para ella, todas las posibilidades están abiertas:

¿Qué queremos decir al afirmar que la existencia precede a la esencia? Quere­mos decir que el hombre, en primer lugar, existe; se encuentra a sí mismo, surge en el mundo (y después se define a sí mismo). Si el hombre, como el existencia-lista lo ve, es indefinible, ello se debe a que, para empezar, no es nada. Y no será nada hasta después, y después será lo que él haga de sí mismo. Por lo tan­to, la naturaleza humana no existe, porque no existe un Dios que la conciba… El hombre no es nada más que lo que haga de sí mismo.31

El lenguaje de programa­ción #17, llamado SAR­TRE en honor al filósofo existencialista, es extrema­damente falto de estructura. En SARTRE, los enuncia­dos no tienen finalidad alguna; simplemente son. Los programas SARTRE deben definir sus propias funciones. Anónimo.

Donde no hay libertad, no puede haber moral. Alison Neilans.

Dentro de las elecciones de una vida auténticamente vivida, cada individuo tiene el potencial de llegar a ser el yo fabricado por él mismo. La diferencia crucial entre el existencialismo y las concepciones anteriores radica en que el énfasis se pone en la libertad radical de la persona para hacer y ser lo que quiera; no existen límites y todo es posible; además, todas las decisiones son libres.

Sartre utilizó una frase indudablemente asombrosa. Estamos, dijo, condenados a ser libres. A primera vista parece algo verdaderamente peculiar, especialmente para los occidentales que nos hemos nutrido de libertad y educado con base en ideales que valoran mucho los derechos del individuo. Lo que Sartre quería decir es que no tenemos más opción que la de ser libres y que no podemos quejamos de falta de libertad:

Todo está ciertamente permitido si Dios no existe, y el hombre está, en conse­cuencia, desamparado, pues no puede encontrar nada de lo que pueda depen­der, ya.sea dentro o fuera de sí. Descubre de inmediato que no tiene excusa… no hay determinismo alguno, el hombre es libre, el hombre es la libertad. Por otra parte, si Dios no existe, tampoco estamos provistos de valores o manda­mientos que pudieran legitimar nuestro comportamiento… A esto me refiero cuando digo que el hombre está condenado a ser libre. Condenado, porque no se creó a sí mismo, si bien dispone de plena libertad y, a partir del momento en que es arrojado al mundo, es responsable de todo cuanto hace.32

Todos nos vemos, en ocasiones, ante la circunstancia de querer decir que no pudimos evitar actuar como actuamos y que, por tanto, en realidad no somos res­ponsables de nuestro comportamiento. Sartre afirmaba que tal intento de eludir la libertad constituye mala fe, porque niega la libertad que hace posible a la huma­nidad e intenta que la responsabilidad recaiga en alguien o en algo distinto de nosotros. Esta forma de vida carece de autenticidad y nos niega la posibilidad de llegar a ser nosotros mismos.

Sartre se refería a los árboles y a las piedras como seres-en-sí-mismos porque son pasivos y no pueden dar forma a su ser; a diferencia del ser humano, se actúa sobre ellos y ellos no actúan de manera independiente. El ser humano, en cambio, es un ser-para-sí, y nuestra vida se halla literalmente en nuestras manos. Por lo que lleguemos a ser, sólo debemos culpamos o agradecemos a nosotros mismos; no hay nadie ni nada más a quién alabar o reclamar. Aun cuando estemos físicamente presos, como lo estuvo Sartre durante la ocupación nazi en Francia, existen opciones disponibles para nosotros.

mala fe. en la filosofía existencialista de Sartre, actuar como si se carecie­ra de libertad (ser-en-sí-mismo), negando la liber­tad y la responsabilidad de la persona (ser-para-sí-mismo) y comportándose de forma poco auténtica.