Chile y sus amigos (El presidente Alan García ha demostrado reiteradamente que afianza la tradición)

screenshot.14Publicado: Lunes 14 de enero del 2008 | Columna del Director | Imprimir | Compartir | 119 Lecturas

 

Chile y sus amigos

Una suerte de maldición pasa sobre el Perú: tener gobernantes dispuestos a inclinarse frente a los enemigos del país, en particular Chile. El presidente Alan García ha demostrado reiteradamente que afianza la tradición. 

 

No deben sorprender por eso sus declaraciones después de que el canciller deChile, Alejandro Foxley, declarara, en tono amenazante, que su país no va a ceder ni un milímetro frente a la demanda planteada por elPerú ante la Corte Internacional de La Haya .

En lugar de responder con serenidad pero con firmeza, el primer mandatario nos sale con que “no hay que opinar sobre las posturas de otros”, aunque esas “posturas” encubren una negación de los derechos del Perú y diseñan sin tapujos una respuesta bélica.

El oficialismo y sus aliados invocan en estos días la unidad del país respecto a la justa demanda en pos de nuestros derechos marítimos. Al primero que hay que exigir solidaridad con la causa nacional es al inquilino de Palacio.

Lo que García y sus corifeos quieren imponer es un pacto del silencio, una mordaza consentida. Que nadie hable o explique sobre el diferendo con Chile, puesto que todo está en manos de la justicia internacional.

Pues bien: lo que hay que exponer, más allá de las atildadas maneras de la diplomacia, son las raíces, la naturaleza y las posibles consecuencias del conflicto.

Chile afirma que entre nuestros dos países existe un tratado de fronteras marítimas. Es una mentira burda.

Toda la historia de nuestras relaciones con Chile demuestra su afán expansionista. Con ese fin ha recurrido a menudo a la trapacería. Por ejemplo, la Declaración de Santiago de 1952, que, según Chile, fija nuestros límites marítimos no es tal. Fue producto de una cita convocada por la embajada de Chile en Lima, mediante nota del 10 de julio de ese año, para “tomar acuerdos sobre los problemas que está originando la caza de ballenas en aguas del Pacífico meridional y la industrialización de sus productos”. Así lo refirió el embajador peruano Juan Miguel Bákula en el libro El derecho del mar, editado en 1984 por la Academia Diplomática delPerú.

Esa Declaración fue suscrita por Chile, Ecuador y el Perú. No podía ser, ni por sus fines ni por su naturaleza tripartita, un tratado fronterizo entre dos países.

Otro acuerdo que Chile reivindica como tratado de límites es el que creó, en 1954, una Zona Especial Fronteriza Marítima, que buscaba evitar los constantes incidentes, producidos por “las embarcaciones de poco porte, tripuladas por gentes de mar con escasos conocimientos de náutica”. También ese documento lleva las firmas de los representantes de Chile, Ecuador y el Perú. No establece ni podía establecer fronteras.

¿Todo esto hay que callarlo? Lo cortés, doctor García, no quita lo valiente; y lo patriótico no admite lo cobarde.