FIPO – 420

Una persona no es una palmera que pueda ser plena y autosuficiente por sí misma. Proverbio akan

formas de pensamiento gikuyu, nadie está aislado como individuo. O más bien, su unicidad es un hecho secundario respecto a él, quien, antes que nada, está emparentado con varias personas y es contemporáneo de ellas.”76 Esto no signi­fica que la persona no sea un individuo con derechos y privilegios, sino que no es únicamente un individuo. Se concibe a la persona de manera dual: “como una entidad autónoma, autodeterminada, capaz de poder evaluar y elegir como un ser comunitario”.77El filósofo africano Kwame Gyekye cree que el libro de Rawls, Theory qffus-tice [Teoría de la justicia], concebido en ténriinos individualistas, suena bien en cuanto a “expresiones, significados y contenido comunitarios”.78 Al referirse al principio diferencial, que permite un trato desigual a los individuos, si y sólo si quienes tienen menos se benefician, Rawls utilizó frases como “compartir el des­tino del otro”, “bienes colectivos”, “beneficio común” y “participar en la natura­leza del otro”, que son ideas en verdad muy comunitarias. De hecho, Gyekye piensa que las ideas de Rawls tienen más oportunidad de llevarse a cabo dentro de una sociedad comunal que en una fuertemente basada en el individualismo.

El equilibrio entre derechos y deberes dentro de un marco comunitario pue­de lograrse al adaptar dentro de un sistema tanto los valores individuales como los comunales:

Las teorías ética y política comunitarias, que consideran la comunidad como un bien humano fundamental, defienden una vida realizada en armonía y cooperación con los demás, una vida de consideración y ayuda mutuas y de interdependencia comunal, en la que uno comparte el destino del otro… tal tipo de vida, según la teoría, es más gratificante y plena.79

Cosmopolitismo: lo último en comunitarismo

cosmopolitismo siste­ma de creencias que pro­clama que la familia y la nación son construccio­nes artificiales y que pre­coniza él ideal del ciuda­dano del mundo

Otra idea antigua que está capturando de nuevo el interés de los contemporá­neos es el cosmopolitismo, postura que sostiene como ideal “una persona cuya primera lealtad pertenece a la comunidad de los seres humanos en el mundo en­tero”. ¿Puedes imaginarte jurando lealtad a la familia de la humanidad, y no a tu propia nación o grupo étnico? Como ha dicho la filósofa Mártha Nussbaum, ex­ponente del cosmopohtismo, el patriotismo establece, con demasiada frecuencia, afianzas estrechas basadas en “la clase, la raza, la región o la asociación comer­cial”, e incluso puede crear un enfoque del mundo como un nosotros versus ellos. En opinión de Nussbaum, “apoyar los sentimientos nacionalistas subvier­te, a fin de cuentas, incluso los valores que mantienen unida a una nación”. Nuestro país de origen, nuestra “tribu”, es algo accidental (es decir, podríamos haber nacido en cualquier otro sitio con un diferente conjunto de identidades y lealtades), por tanto, el único grupo al que necesariamente pertenecemos es la comunidad de los seres humanos. ¿Cuáles serían nuestras prioridades si tuviéra­mos una perspectiva cosmopolita de nuestros derechos humanos y nuestras obli­gaciones?80

El término cosmopolita se deriva de una ocurrencia que tuvo el filósofo grie­go Diógenes. Cuando le pidieron que nombrara la ciudad-Estado en la que ha­bía crecido, respondió que era “ciudadano del mundo”. Su rechazo a aceptar la comodidad de una identidad patriótica ha llevado a algunos a buscar una com­prensión más amplia de la justicia y de la vida, que incluye no sólo a aquellos