FIPO – 410

Lo personal es lo político.

ESLOGAN DEL MOVIMIENTO FEMINISTA

feministas personas que promueven la igualdad política, legal, económica y social para las mujeres, en oposición a las estruc­turas de la sociedad pa­triarcal

ve complicada por los factores raciales, pero, eñ promedio, las mujeres ganan significativamente menos que los hombres.Otra área donde se percibe la injusticia tiene que ver con la sexualidad de las mujeres. ¿Por qué la vergüenza recae en la adolescente embarazada (y no en el padre del bebé), en la prostituta (y no en el cliente), en la víctima violada (al igual que en el violador)? ¿Qué tiene el cuerpo de las mujeres que hace creer al Estado que puede legislar su actividad? Al igual que los afroestadounidenses, las mujeres no pueden desinteresarse por las cuestiones concernientes a la jus­ticia respecto a su género porque estos asuntos afectan su vida cotidiana. Como vimos en la sección anterior, la filosofía social toca asuntos de la vida y de la muerte, e involucra emociones profundas. Es difícil ser objetivo cuando uno ex­perimenta la injusticia en carne propia.

Se conoce como feministas a las personas que se han enfrentado a la in­justicia en nombre de las mujeres y que han exigido un cambio en favor de la justicia. Ninguna de las mujeres que analizamos en esta sección utilizó este tér­mino para describirse, pero aquí las agruparemos bajo este nombre. Ya vimos la manera en que Harriet Taylor Mili y John Stuart Mili enfrentaron desde una pers­pectiva utilitarista la injusticia que padecían las mujeres; ahora veamos la mane­ra en que otras mujeres de los siglos xdc y xx han esgrimido argumentos femi­nistas en nombre de la justicia en favor de ellas.

La mujer como “otra” : Simone de Beauvoir

alteridad término acu­ñado por De Beauvoir para la “otredad” que ex­perimentan las mujeres y los hombres no blancos en relación con las posi­ciones de poder que disfrutan los hombres blancos en la sociedad occidental

Comenzaremos con una descripción de la injusticia desde un punto de vista fe­minista tomado de un influyente libro contemporáneo: El segundo sexo. Hasta antes de la publicación de esta obra en Francia, en 1949, Simone de Beauvoir era mejor conocida como la compañera de toda la vida de Jean-Paul Sartre, cu­ya filosofía del existencialismo ateo analizaremos en el capítulo 10. Como pro­fesora de filosofía en la década de los treinta, Simone de Beauvoir no se sentía frustrada por el hecho de no poder votar (logro que las francesas no obtuvieron sino hasta 1947), y estaba consternada porque algunas mujeres sí lo estuvieran. Su rica y poderosa familia la había educado para que tuviese una carrera y dis­frutaba de una relación igualitaria con Sartre, cuyos amigos la trataban igual que a él mismo. Sólo cuando comenzó a escribir un ensayo en defensa de las con­trovertidas posiciones filosóficas de Sartre y de su propia relación sentimental distinta del rr&trimonio, De Beauvoir descubrió con angustia que las mujeres no dis­frutaban de un estado de igualdad en la sociedad.

Lo que descubrió fue que era distinta a Sartre porque él era hombre y ella, otra cosa. Un año en Estados Unidos y largas entrevistas con afroestadouniden­ses y mujeres francesas y estadounidenses, convencieron a Beauvoir de que, en las sociedades occidentales, los hombres blancos se habían adjudicado el papel protagónico, dejando para los negros y para todas las mujeres la posición de al­teridad u otredad. En gran medida, El segundo sexo es una exposición de lo que significa ser la otra y De Beauvoir comienza el segundo libro como sigue:

No se nace mujer: llega una a serlo. Ningún destino biológico, físico o econó­mico define la figura que reviste en el seno de la sociedad la hembra huma­na; la civilización en conjunto es quien elabora ese producto intermedio entre el macho y el castrado al que se califica como femenino. Sólo la mediación de un ajeno puede constituir a un individuo en un Otro.48