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que la gente vivía en el seno de familias extendidas, así como también el hecho de que muchas personas se conocieran entre sí, fueron elementos que permitie­ron que la justicia funcionara de acuerdo con normas sociales, más que con ela­borados códigos legales. Este modelo tiene algo en común con las utopías más pequeñas e individuales que Nozick cree que son ideales. Recuerda, sin embar­go, que también hay un enorme contraste entre la justicia en Buganda y la teo­ría del derecho de Nozick: en Buganda, la justedad se definía en el contexto de las normas sociales más que a partir de los derechos individuales.

En cualquier sociedad, una de las cuestiones fundamentales tiene que ver con la reconciliación de los intereses del individuo y los de la sociedad. De acuerdo con E. Wamala, de la Universidad Makarere, en una sociedad tradicio­nal el individuo y la comunidad están más estrechamente entrelazados que en una nación grande, industriaüzada y tecnológica. En tanto que los estadouniden­ses ponen gran énfasis en la identidad independiente y en los derechos del in­dividuo, un bugandés tradicional quizá piense más de la siguiente manera: “Soy porque somos, y porque somos, soy.”34

Como resultado, se consideraba que la justicia se basa en el consenso, es decir, en el acuerdo grupal. Supon que un joven matrimonio se peleó y que la mujer regresó a la casa de su padre. Al contrario de lo que uno podría pensar si ha crecido en una cultura tradicional occidental, no se esperaría que la pareja solucione sus cosas entre ellos; el concepto tradicional de justicia exigiría que los mayores que representan a las dos familias se reúnan y resuelvan el caso.

La primera condición sería que se escuchara ambas “versiones” de la histo­ria del disgusto, tanto la versión de la esposa como la del esposo, para saber por qué se disgustaron y por qué ella se marchó. Después, se emitiría un juicio que representara un consenso alcanzado por las personas mayores de ambas fami­lias. Si la decisión fuere que el marido había maltratado a la esposa, se le exigi­ría que pagara una multa antes de permitirle regresar al seno de la sociedad. Sin embargo, si se dictaminara que la mujer exageró, se consideraría justo su inme­diato regreso a la casa del marido. Ambos jóvenes entenderían que los mayores, al actuar por consenso, saben lo que es mejor.35 Este sistema, que podría pare­cer extraño para muchos de nosotros, garantiza el derecho del acusado de ser oído y la expedita adrriinistración de la justicia. En una sociedad pequeña y muy unida, probablemente todos estarían de acuerdo en que se ha hecho justicia. El énfasis se puso en la creación de la armonía social y, cuando menos hasta este punto, Buganda compartió la concepción de justicia de Platón y Aristóteles.

Debido a que en Buganda se definió la justicia en términos de normas so­ciales, existe también un elemento utilitarista en su comprensión tradicional de la justicia. La justicia era de tal naturaleza que permitía la continuación de los va­lores de la comunidad; asimismo, una sociedad estable era más importante que las necesidades del individuo, pero también era inseparable de éstas. De hecho, uno u otro de los miembros de la pareja, o tal vez los dos, podrían seguir sin­tiéndose apesadumbrados, y aun así se habría hecho un bien al nivel de la co­munidad. Una pareja seguiría estando unida; presumiblemente tendrían hijos, los educarían y formarían una familia estable que satisficiera las necesidades de la aldea. Este bien se hubiera considerado más importante que el derecho de cada Parte de tener su versión particular de justicia.

Tendremos una vida so­cial saludable cuando, en el espejo de cada alma humana, se refleje toda la comunidad; y cuando, en la comunidad, viva la virtud de cada uno.

RUDOLF steiner

consenso acuerdo al­canzado después de una discusión racional y de un diálogo en el que se ha concertado la realiza­ción de algunas conce­siones

En una comunidad pequeña y estable, el gong real del jefe puede convocar a todos a una celebración o a procu­rar la justicia.

Gong real/Cortesía del Museo de arte africano de Maryland/Foto de Quentin Kardos.