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los intermediarios lo llevaban a otra ciudad, en donde lo compraban otras per­sonas que no los conocían y a quienes no les interesaba quién había hecho el producto. Con la industrialización, los productos se abarataron, así que si algo se rompía o se descomponía, siempre se podía comprar otro. Algunos vínculos importantes existentes entre el artesano y el producto, y entre el productor y el consumidor, se habían roto, y Marx pensó que estas rupturas eran la explicación de que la sociedad fuera tan injusta y los trabajadores tan miserables.

Marx creía que, al vender el trabajo, uno se convertía en una especie de es­clavo asalariado. El capital, o cunero, se convertía en el único medio de inter­cambio y en una especie de dios. Al parecer, la gente estaba dispuesta a hacer casi cualquier cosa a cambio de dinero, y si al explotar a los trabajadores podían obtener incluso más dinero, estaban en la mejor disposición de hacerlo. Marx es­taba convencido de que, para cambiar este injusto convenio, los fundamentos económicos de la sociedad tendrían que reestructurarse de una manera radical. El capitalismo era inherentemente explotador y no podía corregirse; tendría qué ser derrocado mediante una revolución obrera. Sólo si los trabajadores ostenta­ban la propiedad de lo que Marx llamó los medios de producción, podrían re­partir la ganancia producida por su trabajo.

La justicia dependía de fuerzas demasiado grandes y complejas para que un solo individuo las controlara. Para lograr la justedad, el prerrequisito de Marx pa­ra que se diera la justicia, tendría que comprenderse que la estructura económi­ca de la sociedad era injusta para luego transformarla:

El modo de producción de la vida material determina el carácter general de los procesos sociales, políticos y espirituales de la vida. No es la conciencia del hombre la que determina su existencia, sino por el contrario, su existencia social determina su conciencia. En determinado periodo de su desarrollo, las fuerzas materiales de producción en la sociedad entran en conflicto con las relaciones de producción existentes… así, se avecina el periodo de la revolu­ción social. Con el cambio de los fundamentos económicos, la totalidad de la inmensa superestructura se transforma más o menos rápidamente.21

Al igual que los teóricos clásicos, Marx concibió la estructura de la sociedad como la base para la justicia; a diferencia de ellos, creyó que la armonía entre grupos era deseable sólo si los individuos que conformaban esos grupos, sentían que estaban siendo tratados de manera equitativa. Podría haber aceptado una concepción utilitarista de la justicia, como mayor placer y menor sufrimiento, pe­ro rechazó la idea de que los individuos pudieran ser felices sin transformar las estructuras de la sociedad en la que viven. Su concepto de la enajenación de los trabajadores también lo vincula con el existencialismo, el cual analizaremos en el capítulo 10.

Principios de libertad equitativa y diferencia: John Rawls

John Rawls, filósofo social del siglo xx, comparte la creencia de Marx en que la justedad o equidad es la verdadera prueba de la justicia. En su obra más cono­cida, A Theory ofjustice [Una teoría de la justicia], Rawls, quien fue profesor de Harvard, rechaza explícitamente la concepción utilitarista de la justicia como in­herentemente ajena al destino de los individuos. Aunque, en teoría, la preocu­pación utilitarista por el bien general de la sociedad beneficia a todos, en la prác-

LA CREACION DEL FILÓSOFO

John Rawls (1921-2002)

John Rawls, un filósofo contemporáneo, impartió en Harvard, hasta 1991, un curso llamado “Justicia”. Unos mil estudiantes asis­tían a su cátedra cada se­mestre. Rawls obtuvo su doctorado en filosofía en Princeton en 1950. Su ca­rrera docente abarca las universidades más presti­giosas del noreste de Esta­dos Unidos, comenzando en 1953 cuando aceptó una cátedra en Cornell, siguien­do en el Massachussets Ins-titute of Technology (MIT) en 1959, y concluyendo en Harvard, durante el perío­do de 1962 a 1991. Su pri­mer libro, titulado A Theory ofjustice [Una teoría de la justicia}, es una elaborada defensa de la tradición li­beral estadounidense y ha sido considerado como “el más ambicioso e influyente trabajo en la filosofía social de las postrimerías del siglo xx”. Su segundo libro, Poli-tical Liberalism [Liberalis­mo político], se publicó en 1993.