FIPO – 392

miembros de cada sexo. Si tanto los niños como las niñas viven la experiencia de que los hombres toman decisiones mientras las mujeres hornean el pan, segura­mente repetirán estas expectativas en su propia vida. Si, por el contrario, los pa­peles sociales asignados a hombres y mujeres se alteran para el bien último de la sociedad, entonces estos cambios deben comenzar, si no en primer lugar, cuando menos de manera simultánea, en la familia:

No intentaría describir cómo sería el matrimonio si ocurriera entre dos personas de facultades cultivadas, con opiniones y propósitos idénticos, entre las que exista la mejor igualdad, una semejanza de poderes y capacidades con superio­ridad recíproca entre ellos, de modo que cada persona pueda disfrutar el lujo mirar a la otra y pueda experimentar el placer de guiar y de ser guiada alterna­damente por la senda del desarrollo. Para aquellos capaces de concebirlo, no es necesario hacerlo; para los que no puedan, podría parecer el sueño de un

entusiasta 10

Una casa no es un hogar a menos que haya ali­mento y calor tanto para la mente como para el cuerpo.

Margaret Fuller (1845)

En contraste con este ideal, en aquella época la condición de las mujeres ca­sadas, inglesas y estadounidenses, era la de una esclavitud civil. El esposo tenía el poder de controlar la propiedad heredada de su esposa, sus ingresos e incluso la vida de sus hijos. Como Mill lo expresó en su ensayo: “El matrimonio es la única esclavitud actual reconocida por nuestras leyes. Ya no quedan más esclavos lega­les, salvo las señoras de cada hogar.”11 Para quienes exigían saber si la humanidad sería mejor si se liberaba a la mujer, Mill respondió que “todas las inclinaciones egoístas, la idolatría y la injusta preferencia por uno mismo, que existen en la hu­manidad, tienen su origen y su raíz, así como su principal sustento, en la actual conformación de la relación entre los hombres y las mujeres”.12Pero, ¿cómo no iba a tener un profundo efecto esta experiencia de desigual­dad en un joven, quien de inmediato se consideraba superior a su madre? Al igual que un gobernante hereditario, Mill argumentaba, el niño crece con “distinciones inmerecidas y muy pronto hará oídos sordos a la noción de que sólo la buena con­ducta le dará el derecho a ser respetado”. La ley de la justicia, el principio según el cual el débil tiene iguales derechos que el poderoso, jamás podrá “tomar pose­sión de los sentimientos más profundos de los hombres”,, mientras se le inculque, con la leche materna, una lección contraria muy poderosa.13 No es sorprendente que Elizabeth Cady Stanton, después de leer dicho ensayo en 1869, haya escrito a Mill para decirle:

Dejo el libro con una paz y una felicidad que jamás había sentido antes, debido a que es la primera respuesta de un hombre que demuestra que es capaz de ver y sentir todas las sutiles sombras y matices de este impropio estado de la mujer, y del punto central de su debilidad y degradación.14

Harriet Taylor Mill

 Al igual que su esposo John, Harriet Taylor Mill escribió su ensayo “Enfranchise­ment of Women” [“La liberación de las mujeres”] sobre los principios utilitaristas, preguntándose si la condición de las mujeres de su época en realidad impulsaba el bien general de la sociedad. Si un hombre quiere cultivar su carácter y mejorar su intelecto, afirmaba ella, debía asociarse con individuos, si bien no superiores, cuando menos iguales a él. Harriet Mill argumentaba que, bajo las condiciones