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es la voluntad de Dios. Lo que sí conocemos es lo que nos proporciona placer y simplemente suponemos que esas mismas cosas deben ser placenteras para Dios. Como Feuerbach señaló (revisa el capítulo 4), los humanos mostramos una fuerte tendencia a proyectar en Dios nuestras propias características humanas, incluyendo necesidades y deseos. Los utilitaristas creen que deberíamos ser ho­nestos respecto a la búsqueda del placer y al intento de evitar el dolor, en lugar de enmascarar aquellos deseos con un lenguaje abstracto y pretender que se dan por decreto divino.

El utilitarismo es, por tanto, una especie de hedonismo social; el hedonis-      hedonismo teoría que ta individual busca el placer para sí mismo, en tanto que el hedonista social bus-     sostiene que el placer es el ca el placer para la sociedad. Si más gente experimenta más placer que dolor y      mayor de los bienes no al revés, entonces, de acuerdo con los utilitaristas, se promueve el bien social y se hace justicia; todo es una especie de problema matemático a escala so­cial. Si se produce más placer que dolor, el resultado será la justicia; si se produ­ce más dolor que placer, se obtendrá la injusticia.

 

Jeremy Bentham

 

El primero de los utilitaristas modernos, Jeremy Bentham, tenía en mente exac­tamente este tipo de concepción matemática respecto al placer y al dolor. Como crítico inglés de la políüca seguida por la corona británica en lo que concernía a las colonias americanas y como partidario de su subsiguiente levantamiento en 1776, Bentham declaró que el gobierno de Estados Unidos era el único que sus­tentaba los principios utilitaristas. Bentham escribió que, al hablar de una comu­nidad, nos referíamos a un concepto ficticio, pues la comunidad no es más que los individuos que la conforman: si hacemos felices a los individuos se tendrá una comunidad feliz. Quienes promulgan las leyes deberían considerar esta me­ta y reconocer que su única esperanza de que se cumpla la ley reside en la pro­mesa del placer o en la amenaza del sufrimiento:

La felicidad de los individuos que componen una comunidad reside en que sus placeres y su seguridad constituyan el fin único y exclusivo que el legis­lador debe tener en cuenta; el único estándar, de acuerdo con el cual cada individuo debe, en la medida en que dependa del legislador, hacer que su comportamiento se adapte. Pero ya sea que deba hacerse esto o cualquier otra cosa, no hay nada mediante lo cual un hombre pueda hacer que se cum­pla, si no es por el placer o por el sufrimiento.7

En vista de que una comunidad no es más que la suma total de sus indivi­duos, es en la vida de los individuos en donde el principio de utilidad puede es­tablecerse y comprenderse de la manera más clara. Según la teoría de Bentham, los dilemas morales pueden convertirse en un tipo de ejercicio aritmético en el que sumamos las unidades de placer y las de dolor y restamos unas de las otras. Para Bentham la cantidad de placer era la que tenía la máxima importancia; cuanto mayor fuera ésta, más deseable y útil sería el resultado.

Imagina que estuvieras considerando dos oportunidades de trabajo. En una tendrías un salario mucho mayor y muchas “prestaciones adicionales”, pero ten­drías que mudarte de ciudad y dejar a tu familia, tus amigos y otras cosas signi­ficativas. En el otro trabajo, que se ubica en tu actual lugar de residencia, el sa­lario y las “prestaciones adicionales” son menores, pero conservarías una vida

LA CREACION DEL FILÓSOFO

Jeremy Bentham (1748-1832) Apodado el “filósofo” a la edad de cinco años, Jeremy Bentham ya había comen­zado sus estudios de latín a los cuatro, y terminó sus estudios universitarios y su carrera de leyes cuando todavía era adolescente. Cuando creció escribió co­mentarios sobre la ley y la sociedad inglesa y llegó a apoyar la independencia de Estados Unidos y la Re­volución francesa. Como buen amigo de James Mili, Bentham se convirtió en el padrino del hijo de James, John, y entre ambos deli­nearon un ambicioso pro­grama de estudios para el joven. Por desgracia, éste se enfocó exclusivamente en la razón e ignoró los otros aspectos de la educa­ción de un niño.