FIPO – 388

En un sistema de justicia basado en el mérito, la gente obtiene lo que mere­ce, en relación proporcional con sus habilidades innatas y su posición en la socie­dad. Por ejemplo, en La República de Platón se permite y se espera que los guar­dianes gobiernen, pero se les prohibe adquirir propiedad privada o casarse y criar a sus propios hijos de manera individual. En cambio, a los miembros de las clases productoras se les permite casarse y criar a sus propios hijos, pero se les prohibe gobernar. Lo que “merecemos” parece estar fijo y no existe movilidad social como la que puede esperarse en una democracia; es decir, la gente es in­capaz de “ganar” o “alcanzar” un medio de llegar a un nivel social superior. Pla­tón parece creer que, aunque las personas sean tratadas de manera desigual, to­das reciben un trato justo, pues cada persona recibe lo que corresponde a su mérito.

El consenso al que parecen llegar estos teóricos clásicos es que la justicia se alcanzará cuando la gente realice lo que su naturaleza y posición en la vida les requiera. Su mérito determinará los beneficios que recibirán y las cargas que ha­brán de soportar. En vista de que lo que más importa es lograr una sociedad bien ordenada, los individuos deben hacer lo que la sociedad determine que es me­jor que lleven a cabo. Si desempeñan bien sus papeles, el resultado será un or­den social armónico que beneficiará a todos. Tal vez se sacrifique el lujo de la elección individual, pero todo florecerá en una sociedad justa. Mantener los de­rechos individuales, pero vivir en una sociedad injusta, sería un estado de cosas mucho menos deseable, tanto para el individuo como para la sociedad.

Casi 2000 años después, un grupo de teóricos políticos británicos (Jeremy Bentham, John Stuart Mili y Harriet Taylor Mili) tomó como punto de partida estos supuestos básicos formulados por los filósofos del periodo clásico. Sin embargo, su concepto de la justicia se centra en la distribución del placer y del dolor.

utilitarismo teoría que sostiene que la acción es correcta si busca motivar la mayor felicidad en el mundo

El utilitarismo como medida de justiciaAl igual que los teóricos clásicos, los utilitaristas argumentan que lo que en ver­dad importa es el bien social o el bien de la sociedad. Sin embargo, a diferen­cia de Platón y Aristóteles, definen lo que es el bien en témúnos del placer. La pregunta que formulan es sencilla: ¿qué es lo más útil o lo que proporciona ma­yor utilidad’ Su respuesta también es simple: mayor placer y menor dolor para el mayor número de personas. Si en realidad queremos tener una sociedad jus­ta, entonces (según el utilitarismo) las acciones correctas o justas serán las que generalmente produzcan mayor felicidad y menor infelicidad en el mundo.

También debemos considerar los grados, ya que, de hecho, habrá casos en los que la ligera infelicidad de muchos se verá opacada por la extrema felicidad de unos cuantos. Al vivir como lo hacemos, en una sociedad enraizada en liber­tades básicas, la idea de que nos obliguen a donar sangre nos repugna. Pero si el medio litro de sangre que me solicitaron salvó una vida, ¿no sería posible ar­gumentar que el bien mayor equilibró de sobra el mal menor?

Cuando empleamos palabras como bien y mal, lo que en realidad quere­mos decir (insisten los utilitaristas) es “placentero” y “doloroso”. A menudo pre­tendemos que estas palabras tengan alguna referencia independiente, por ejem­plo, que representen la voluntad de Dios, pero en realidad desconocemos cuál