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Así pues, es propio de la parte racional gobernar porque es sabia y tiene que hacer uso de la prudencia para toda el alma; y corresponde a la parte animo­sa ser su aliada y su subdita… Entonces estas dos, educadas y entrenadas… presidirán sobre la parte formada por los deseos, que es la más grande del al­ma en cada hombre… Aquéllas dos observarán a esta última por miedo a que sea saciada completamente por los llamados placeres físicos, para que crezca fuerte y poderosa, sin preocuparse por lo suyo, sino tratando de esclavizar y dominar a las clases que no debería, con el fin de transformar la vida entera de todos.2

Cómo formar ciudadanos para la sociedad: Aristóteles

Tal vez recuerdes del capítulo 1 que Aristóteles también descubrió que la armo­nía era la clave de la felicidad. La idea del “término medio” entre dos extremos, que es el núcleo de la Ética a Nicómaco, encuentra su contraparte en Política. Aristóteles escribe: “Todo lo dicho en la Ética es verdad, que la vida feliz es la vida que se lleva de acuerdo con la virtud, vivida sin ningún impedimento, y que la virtud es un estadio intermedio; por tanto, la vida que está en un punto me­dio accesible a todos, debe ser lo mejor.”3

Aristóteles criticó La República de Platón por sus propuestas radicales y por­que comenzó a describir el Estado ideal. Para Aristóteles, lo que en realidad im­porta no es lo que en teoría pueda ser el mejor Estado, sino el tipo de Estado que sea posible en la práctica. Según su juicio, un gobierno mixto que combine una monarquía y un parlamento será el más estable y, por consiguiente, el de mayor duración.

Estaba de acuerdo con Platón en que la clave para un buen gobierno era el tipo de educación que el Estado proporcionaba a sus ciudadanos. El elaborado sistema de Platón para descubrir y dar forma al rey-filósofo tiene eco en la afir­mación aristotélica de que “el ciudadano debe ser moldeado para que se adap­te a la forma de gobierno en la que vive”.4 La diversidad del Estado, el hecho de que está compuesto por diferentes tipos de gente, obliga a que un sistema estatal de educación no sólo sea deseable, sino también necesario; sólo median­te este sistema se puede lograr la pluralidad dentro de una comunidad.5

Aristóteles argüía que no son los deseos de los individuos, sino las necesi­dades del Estado, las que deben dictar el contenido y los métodos de la edu­cación pública. La capacitación en asuntos de interés común para el bien de la ciudad debe estar al alcance de todos; sin embargo, la intención es crear ciuda­danos buenos y útiles: “Ni siquiera debemos suponer que algún ciudadano es dueño de sí mismo, ya que todos ellos pertenecen al estado.”6

Tanto Platón como Aristóteles se centran en el bien de la comunidad. Debi­do a que ambos suponen que gente similar debe ser tratada de manera seme­jante, podríamos decir que conciben la justicia en términos del mérito; sin embargo, ninguno supone una sociedad completamente equitativa en la que los derechos naturales pudieran determinar la forma en que los ciudadanos inte-ractúan con el gobierno. Platón y Aristóteles coinciden en que una especie de dictadura benevolente sería la forma ideal de gobierno, debido a que, sencilla­mente, no es posible atenerse a que la masa ordinaria de personas pueda tomar decisiones importantes; no se puede confiar en que actúe de manera racional.

mérito  condición fija (como la riqueza, el ta­lento, la inteligencia, la raza o el género) que sirve como base para impartir justicia