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de Estados Unidos. Edmund Burke, contemporáneo de Adam Smith, fue un filósofo político inglés que desconfiaba del juicio del “hombre común”, un poco al estilo de Platón. Burke señaló que, si se dejaban a su propio arbitrio, los individuos se con­vertían en una turba; basta con atestiguar las atrocidades de la Revolución france­sa. Para Burke, el Estado no era una estructura artificial, sino una encarnación de la tradición y de lo mejor de la naturaleza humana. Aunque tal vez no llegara a los extremos de Hegel, Burke tenía el mismo concepto del Estado en cuanto a un foco de valores culturales orgánico y viviente.

Los conservadores del siglo xrx, como Burke, consideraban que el Estado era lo que daba continuidad a las grandes tradiciones del pasado y lo que guiaba a los individuos hacia la clase de libertad de la que Hegel hablaba: la libertad de realizar los ideales culturales propios. Como en la filosofía de Hegel, hablar de los derechos del individuo separados de su patrón cultural es hablar sin sentido. En el Estado ideal de Burke, al igual que en La República de Platón, los mejores individuos, que por cuna y educación resultaban idóneos para gobernar, deddirían lo que era mejor para los intereses de los individuos, los cuales eran demasiado frivolos para decidir con sabiduría por sí mismos.

Después de todo, argumentaban los conservadores, ¿acaso se actúa en favor de los intereses de los individuos al elegir sin tener la perspectiva completa que proporcionan siglos de tradición7 Deja que los niños decidan por sí mismos y que­rrán ver la televisión todo el día, comer dulces hasta que sus dientes se pudran y no hacer nada para superarse. Los líderes de Estado deben actuar del mismo modo que los padres actúan en la familia: deben privar a los individuos de libertades que no benefician a sus propios intereses.

En la Constitución de Estados Unidos existe un claro vestigio de esta filoso­fía política: el Colegio Electoral. Mucha gente piensa que son los individuos, a través de sus votos, quienes eligen al presidente. Sin embargo, en realidad, el

En el nuevo código de le^xs, que, supongo, será necesa­rio que ustedes elaboren, quiero que recuerden a las mujeres y se porten más generosos con ellas que sus antecesores. No pongan un poder tan ilimitado en manos de los esposos. Re­cuerden, todos los hombres serían tiranos si pudieran. abigail adams a su esposo John, en el congreso Continen­tal en Filadelfia

¿Qué puedes observar con respecto a la raza, el género y la clase social de este grupo de personas? “Firma de la Declaración de Independencia de Estados UnidosVArchivo fotográfico North Wind.