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decidir el equilibrio apropiado entre ambos elementos. Cuando hablamos de teoría política, usamos con frecuencia los térrrünos liberal y conservador, en general, los liberales están a favor de la libertad individual, en tanto que los conservadores de­fienden el respeto por las instituciones tradicionales y establecidas. Estos términos pueden resultar confusos porque hoy en día ya no significan lo que en el siglo xrx, cuando se popularizaron. Veamos los orígenes de estos términos y su desarrollo a través del tiempo.

El liberalismo tuvo sus comienzos en la filosofía política de John Locke, quien supuso que el pueblo tenía el derecho de ser libre. A pesar de que el mundo occidental ahora da por sentados los derechos básicos del individuo, conocidos como la teoría del individualismo, la idea de que la gente nace libre era relativa­mente nueva en la época en que Locke escribió sus tratados. Entre los derechos na­turales que Locke creía que todos poseíamos estaba el derecho de propiedad; y la filosofía del liberalismo tuvo su propia y poderosa expresión en un libro sobre teoría económica, La riqueza de las naciones, de Adam Smith. Publicado en 1776, este libro ejerció una profunda influencia durante el siglo xrx; iniciaba con la hi­pótesis del individualismo y defendía lo que ha llegado a conocerse como la economía del laissez-faire.

La teoría de Smith afirmaba que los individuos deberían ser libres (el significa­do básico de laissez-fairé) para ir en pos del capitalismo de libre empresa. Smith creía que, sin regulación gubernamental, las fuerzas del mercado de la oferta y la demanda regularían la economía, y la competencia mantendría los precios dentro de un rango razonable. Si existía gran oferta de algún producto, los precios bajarían y habría menor incentivo para producir mayor cantidad de ese producto. No obstante, cuando éste escaseara, la demanda obligaría a los precios a subir y los empresarios responderían con el incremento de la oferta. La teoría de Smith consistía en que, al actuar por su propio interés, los productores servirían al bien común.

La filosofía política de Locke y la teoría económica de Smith se combinaron para definir el liberalismo del siglo xrx. Si los individuos nacieron libres y con de­rechos naturales, la impHcación es que el poder gubernamental para restringir los derechos del individuo debería limitarse con severidad. Cada uno de nosotros se beneficiaría más (la libertad individual resultaría beneficiada) si la intervención gu­bernamental fuera mínima. El ideal liberal de la libertad individual tenía sus raíces en el poder limitado del Estado.

En la actualidad, nuestro sistema económico es muy distinto. En lugar de ha­ber muchos empresarios individuales o negocios familiares, existen relativamen­te pocos grandes conglomerados multinacionales que controlan gran parte de la economía y parecen rivalizar con el gobierno que está en el poder. Los liberales contemporáneos aún valoran la libertad individual, pero ahora se encuentran en la extraña posición para exigir al gobierno que garantice esa libertad. Los libera­les de los siglos xx y xa acusan a la empresa privada de haber sido la causan­te de que los afroestadounidenses viajaran en la parte posterior de los autobuses y de declarar ilegal que comieran en ciertos restaurantes o durmieran en deter­minados hoteles. La empresa privada tuvo la audacia de someter a las mujeres que solicitaban empleo a pruebas de embarazo y a entrevistas de reclutamiento que cuestionaban el tipo de control de natalidad que estaban usando. Sólo el gobierno, dicen los liberales contemporáneos, tiene el suficiente poder para garantizar la libertad individual.

El conservadurismo del siglo xrx encontró su clásica expresión en la reacción violenta en contra de las revoluciones europeas y de la guerra de independencia

economía del laissez-faire teoría económica que sostiene que si un go­bierno no interviene en la economía, las fuerzas de mercado la regularán de manera armónica y productiva, lo cual beneficiará a todos

El buen gobierno no existe. Emma Goldman, anarquista