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y podría esperarse que se derrocara al jefe que actuara sin contar con este acuerdo.32En el momento de asumir formalmente sus funciones, el jefe tenía que hacer un juramento público para observar las leyes formales e informales de la ciudad o aldea. En esa ocasión, según Kwame Gyekye, el pueblo recitaba una serie de ex­pectativas ante el jefe, a manera de definición del alcance y limitaciones de su au­toridad política. Estas expectativas constituían una especie de contrato social entre el pueblo y el jefe, quien estaba “obligado por la ley a gobernar con el consenti­miento del pueblo”. Los siguientes párrafos ilustran unos ejemplos típicos de las expectativas del pueblo:

No deseamos que nos trate de manera injusta. No deseamos que actúe bajo su propia iniciativa (… sin considerar los puntos de vista o los deseos del pueblo). No deseamos.que en alguna ocasión diga “No tengo tiempo, no tengo tiempo”.33

Al escuchar la lectura formal de este mandato, el gobernante estaba obligado a regir a través del consenso popular. Para subrayar de manera visual este concepto, el cetro sostenido por el vocero del jefe debía tener, en la parte superior, una mano recubierta de oro o de plata sosteniendo un huevo. El mensaje era un recordatorio de la necesidad de un uso adecuado y juicioso del poder político. Si se apretaba el huevo demasiado, se rompería; si no se sostenía con firmeza, se caería, y el resul­tado sería el mismo.34

En una diversidad de escenarios culturales, la pretensión de contar con el apoyo divino puede proporcionar una autoridad poderosa a un gobernante; sin embargo, los sabios han comprendido que el apoyo divino por sí sólo no basta. Con frecuen­cia, los gobernantes han aprendido demasiado tarde cuan frágil puede ser el Man­dato del Cielo, cuando actúan sin el consentimiento (o peor aún, en contra) de los deseos del pueblo. Quizá no hayan nacido niños con dos cabezas ni se hayan pre-•sentado meteoritos a manera de advertencia, pero las casas dinásticas europeas que perdieron contacto con el pueblo y actuaron de manera aislada respecto a éste, terminaron perdiendo el trono o la cabeza. Al parecer, cuando menos es necesario que haya un contrato social implícito para el desempeño exitoso del poder po­lítico.

Teoría política

La teoría política se ocupa del equilibrio de poder entre el pueblo y el Estado. En un extremo se encuentra el anarquismo (la creencia en que lo mejor sería que no hubiera ningún gobierno) y en el otro está el totalitarismo Oa creencia en que el gobierno debe tener poder absoluto). Las etiquetas de liberal y conservador, que reflejan posiciones moderadas con respecto al anarquismo y al totalitarismo, tuvie­ron un significado en el siglo xtx y otro muy distinto en el xx. Después de exa­minar los cambios que estos términos han experimentado, regresaremos a la teoría constitucional de Estados Unidos y a la cuestión de los derechos civiles.

Liberalismo y conservadurismo

Existe una tensión interna entre las libertades demandadas por los ciudadanos individuales y el poder inherente a las instituciones políticas. Cada sociedad debe

Tallada en un solo bloque de madera, esta estatua reconoce la interdependencia de los miembros de la familia, en la cual se basaría un modelo de toma de decisiones mediante consenso.

Columna de una casa africana, Lamidi Fakeye, cortesía del Museo de Arte Africano de Maiyland/ Foto de Quentin

Los filósofos… conciben a los hombres no como son, sino como les gustaría que fuesen. El resultado es que escriben sátiras en vez de obras de ética y que nunca han producido una teoría política que sea de utilidad.

SPINOZA