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derecho divino de los reyes, esta pretensión tuvo una influencia especial en Francia e Inglaterra, de los siglos xrv al xvn. En una monarquía absoluta, la gloria del rey y el poder de la soberanía del Estado eran complementarios; cada uno apoyaba y enriquecía al otro. Gobernar como un ungido de Dios significaba tener la autori­dad divina en cada una de las decisiones sumamente terrenales, pero, a diferencia de los emperadores chinos, los monarcas europeos reclamaban su derecho a ac­tuar en calidad de individuos, con el sello implícito de la preexistente aprobación divina.

Los grandes reyes Borbones de Francia, Luis XIII y Luis XIV (conocido como el Rey Sol) y los dos primeros reyes ingleses de la dinastía Estuardo, Jacobo I y Car­los I, tal vez sean los defensores europeos mejor conocidos del derecho divino de los reyes. No veían la necesidad de- contar con el consentimiento de sus subditos debido a que su autoridad para gobernar se derivaba, en su opinión, de Dios. Si la gente objetaba, podían reprimirla o asesinarla. Luis XTV alguna vez declaró: “L’etat, c’est moñ” [“¡El Estado soy yo!”]. Si un rey gobierna en calidad de individuo gracias al derecho divino, no existe ningún recurso de queja para los subditos insatisfechos; no existe ninguna autoridad superior ante la cual puedan apelar.

Familias reales africanas

Durante la misma época, en Buganda (hoy día la moderna Uganda de África orien­tal), el rey hereditario era un monarca limitado, en vez de ser un monarca absoluto al estilo de Luis XTV. Según E. Wamala, compartía su autoridad con un consejo de jefes de clanes, los cuales actuaban como un parlamento, y, en línea descendente, con un sistema de jefes y subjefes quienes participaban en la toma de decisiones políticas y sociales. Sin embargo, los mitos afirmaban que los reyes tenían un origen casi divino y el derecho de gobernar se heredaba, de manera automática, al hijo de un rey que hubiera nacido con los “signos”.30 Por su parte, el rey estaba obligado a comportarse de manera benevolente hacia el pueblo que Dios le había dado. Mientras que los reyes europeos se valían de la teoría del derecho divino para gobernar de manera autócrata, los reyes de Buganda, por el contrario, gobernaban mediante el consenso o por acuerdo del grupo.

Como monarca restringido, más que absoluto, el rey gobernaba a través de un consejo de jefes de clan y de toda la estructura de jefes y subjefes, hasta el nivel de las aldeas. La función de todos estos consejeros era debatir un asunto en su tota­lidad, hasta llegar a un consenso. Una vez que éste se establecía, era un tabú que el rey rechazara la conclusión. De hecho, rara vez el rey tomaba parte en los de­bates, pues prefería manifestar sus propias ideas a través de un consejero de con­fianza, en vez de asumir el riesgo de prejuiciar el debate con su presencia. Aunque el rey elegía a los jefes de los clanes, en vez de que lo hiciera el pueblo, esta forma de gobierno por consenso representaba una prematura y frágil forma de democracia representativa}1 Los intereses del pueblo estaban representados en los más altos niveles de decisión por los subjefes, jefes y consejeros.

Casi todos los hombres pueden enfrentar la ad­versidad; pero si quieres probar el carácter de un hombre, dale poder. Abraham Lincoln

Una cabeza no va a juicio.

Proverbio ghanés