FIPO – 368

existan uno sin el otro, ya que tienen realidad sólo en la danza de energía que lle­van a cabo entre ellos.

En el sistema hegeliano, ni siquiera el Absoluto (al igual que Chi’en) es rea! hasta que se expresa en el mundo (como K’un). La forma de Hegel para expresarle fue que lo universal se realizaba a sí mismo en lo particular, y viceversa. La mane­ra china de expresarlo es que, a medida que Chi’en irradia su energía para tomai forma perceptible en K’un, la tierra recibe y hace real el celeste ch’i o energía. Po­drías pensar que el ch’i es una especie de fuerza vital. Nada es fijo, nada es estático; la energía se mueve de manera continua entre el cielo y la tierra, dando vida al mundo de las cosas particulares y expresando la unicidad del too.

De esta forma, el emperador está entre el cielo y la tierra y recibe el Mandato del Cielo. No es el emperador como ser individual quien gobierna, sino más bien el cielo (mediante su danza con la tierra) que gobierna a través de él. Como se­res semidivinos, los emperadores mediaban entre el cielo y el mundo, llamado “Cielo Inferior”, sólo en la medida en que su gobierno permanezca puro; cuan­do se corrompe, el Mandato del Cielo se transfiere a otra dinastía. He aquí la his­toria del colapso de la dinastía Shang, acontecido alrededor del año 1000 a.C, y la transferencia del Mandato del Cielo a la dinastía Chou, tal como la describió Wen Wang:

Wen Wang se encuentra arriba: ¡Cuan radiante está en el Cielo! Aunque Chou es un dominio antiguo, su Mandato es reciente. Los que apoyan a Chou, ¿no son brillantes? El Mandato de Dios, ¿no es oportuno?

Wen Wang asciende y desciende,

a la izquierda y a la derecha de Dios*.25

¡Qué poderoso apoyo para la familia gobernante es que se le considere bien establecida en los dominios celestes! Tal creencia hacía que el gobierno fuera sa­grado y que sus funciones inspiraran reverencia. Aun así, la creencia popular in­sistía en que el gobierno observara las virtudes humanas de la propiedad (o el orden) y la sensibilidad, recomendadas por Confucio; no hacerlo así podría cau­sar que hubiera signos celestes de descontento, como el nacimiento de un bebé con dos cabezas o la aparición de un meteoro. Si no hacían caso a estos signos premonitorios, entonces podrían acontecer desastres más severos, como sequías, inundaciones e incluso guerras. A la larga, la familia gobernante caería, lo cual sería la prueba final de que evidentemente sí había perdido el Mandato del Cielo.

La autoridad absoluta de que disponían los emperadores chinos se basaba, en cierta medida, en la creencia popular en el Mandato. Las exigencias éticas que el Mandato imponía a la familia gobernante, si es que deseaba conservar el poder, ser­vían como restricciones morales a una tiranía potencial. Sólo si actuaba de manera benevolente, la dinastía gobernante podía demostrar que continuaba disfrutando del Mandato del Cielo; cualquier intento de gobernar sin tener en cuenta el bienes­tar del pueblo ocasionaría la pérdida del Mandato.26

De acuerdo con la filosofía política y la metafísica chinas, en el orden natural existían otras limitaciones para el poder del gobernante. En la filosofía taoísta clasica,

Encadenada por enseñar la verdad, esta figura parece in­dicar la pérdida del Mandato del Cielo por parte de su go­bierno.

Si Ma Qian, Hou Rong/Foto utili­zada con autorización de Quentin Kardos.