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raturales. El individuo no puede hacer más que buscar una orientación por parte ¿el Estado. Platón puso su fe en la competencia (en la naturaleza y en la capacita-r.ón) del rey-filósofo, en tanto que Hegel confió en el Absoluto para dirigir la cultura a partir de su presencia dentro de ella.

También debemos comparar las ideas sobre el Estado que tenían Hegel y Hob-ces. Para este último, el Estado funciona de manera pragmática, es decir, protege a as personas de lo peor que son capaces de hacerse las unas a las otras. El Estado es una conveniencia, una necesidad, pero también es algo que las personas inven­taron para sus propios fines. Es absoluto porque así debe ser, pero esta necesidad está arraigada en la brutal naturaleza humana y no sirve a un propósito mayor. En contraste, el Estado de Hegel es la expresión actual niás completa del Absoluto. A diferencia del Estado mecánico de Hobbes, el Estado de Hegel es orgánico; cada aspecto de él está relacionado con cualquier otro y todas las cosas son lo que deben ser. Debido a que, para Hegel, el Estado es un reflejo de lo divino, es también una entidad viviente que crece y se desarrolla, del mismo modo que el Absoluto se •uelve cada vez más consciente de sí mismo.

Esta concepción del Estado conduce a Hegel a un interesante punto de vista sobre la libertad. Las seguridades tradicionales que ofrece, por ejemplo, la Carta de Derechos de la Constitución de Estados Unidos (a saber, garantías contra el registro y la incautación, contra la interferencia estatal en la libertad de expresión, de prensa y de religión), son meramente libertades formales. Buscar la libertad contra la opre­sión es pensar de una manera abstracta y negativa. En vista de que el individuo se mueve a través de tres etapas dialécticas interrelacionadas (desde la familia, en donde el amor crea la unidad, pasando por la sociedad civil, en donde los individuos se relacionan entre ellos a través de su trabajo, hasta llegar a la perspectiva moral del Estado/en donde se reconcilian y se unen todos los confliaos de la sociedad), logra lo que Hegel llama libertad sustancial.

En esta etapa del desarrollo moral, el individuo busca la libertad para definir­se a sí mismo o misma en términos de valores culturales más amplios. Al haber lo­grado la madurez moral mediante el avance progresivo desde la familia, pasando por la sociedad civil, hasta llegar al Estado, Hegel cree que ya no pensaremos que las leyes del Estado son opresivas. Así, podremos movernos más allá de una bús­queda limitada de la libertad contra la opresión, hacia una libertad más amplia para adecuar nuestra propia voluntad a la voluntad del Estado. Ya que el Absoluto dirige al Estado, ningún individuo podría tener meta más alta. La libertad sustancial que Hegel defiende es la libertad de impulsar el trabajo del Absoluto. Ésta es, quizá, la más controversia! de las ideas de Hegel.

El gobierno de China y el Mandato del Cielo

Hay algo que es muy hegeliano (o tal vez sea al revés) respecto al antiguo enten­dimiento chino del derecho a gobernar. Se decía que el emperador gobernaba porque tenía el Mandato del Cielo; se ubicaba en medio del cielo y de la tierra, y ejercía el papel de mediador entre ambos. En términos metafísicos, todos los seres humanos se concebían como reflejo de ese equilibrio. Si recuerdas lo que vimos en el capítulo 2 sobre los principios del yin y el yang, evocarás a Chi’en, el Padre de la cosmología china, como el yang que estalla con energía, lleno de luz y acti­vidad, así como también a K’un, la Madre, como el yin, profundamente meditativa, plena de alimento y receptividad. Resultaría inconcebible pensar que Chi’en o K’un