FIPO – 364

El derecho a gobernar

Si trasladamos nuestra atención de los derechos del individuo a la autoridad del Estado, descubriremos las teorías políticas occidentales, asiáticas y africanas que jus­tifican la existencia de un fuerte gobierno central. En los tres casos, se invoca una especie de sanción divina para legitimar el poder del Estado.

George Wilhelm Friedrich Hegel y el Absoluto

En algunos aspeaos importantes, la filosofía de G. W. F. Hegel es la verdadera an­títesis Qo opuesto) de las posiciones pro derechos naturales de Locke, Rousseau, Coignet, WoUstonecraft, Stanton y Anthony. Lo principal para Hegel no era el indi­viduo, sino el devenir de la historia. Según él, la Idea o el Absoluto,-que a veces se parece mucho a Dios, tiene su expresión más cabal en la historia. Podríamos com­parar esto con la idea de Spinoza (revisa el capítulo 5), quien sostenía que Dios se expresaba o encarnaba en la naturaleza.

Para Hegel, todo el sistema del mundo era una especie de teología. El pensador divino concibe el mundo como una idea y entonces encarna este pensamiento en la historia, que es la autoexpresión progresiva del Absoluto. La historia se mueve hacia una mayor libertad a través de un proceso dialéctico de tesis, antítesis y síntesis.

En este proceso, una tesis (o idea) propicia el surgimiento de su opuesto, o
antítesis. De la tensión entre las dos surge una nueva realidad, una síntesis, que con-
tiene los mejores elementos tanto de la tesis como de la antítesis (observa la figura.
8.3). Puede ser útil recordar el desarrollo histórico de las ideas sobre el conocimiento
dialéctica hegeliana                                          que exploramos en el capítulo 5. Si se comprende en términos de la dialéctica

progreso de ideas a través hegeliana, el ratiornlismo de Descartes sería la tesis, el empirismo de Hume la an-
de la oposición y la reso- títesis y la epistemología de Kant, la síntesis. El extremismo del énfasis que puso
lución en forma de tesis- Descartes en la mente (que lo condujo a separar la mente de la materia y, por con-
antítesis-síntesis, según                                   siguiente, originó el problema cuerpo-mente) hizo surgir un sistema opuesto. El

Hegel                                                                           empirismo rechazó la mente como camino hacia el conocimiento cierto y, en cam-

bio, insistió en que el conocimiento debía basarse en la percepción de los sentidos. Por su parte, Hume nos lleva al extremo y nos deja con un escepticismo radical y una incertidumbre sobre todo lo que vale la pena conocer. Finalmente, Kant entre­tejió la insistencia empírica sobre la percepción y la confianza racionalista en la mente, con el objeto de formar una nueva epistemología en la que la percepción se filtre a través de las categorías de la mente.

Sin embargo, para Hegel, la síntesis que Kant logró no podía significar el fin del proceso. En el sistema hegeliano, la síntesis se convierte en una nueva tesis y todo el proceso continúa en una espiral ascendente, con lo que se alcanza una ma­yor claridad. De hecho, a pesar de que Hegel era heredero intelectual de Kant, su filosofía constituye, en ciertos aspectos, una reacción en contra de su predecesor. Para Hegel, las cuestiones capitales tenían que ver con la metafísica o la realidad, más que con la epistemología o la teoría del conocimiento. En el proceso dialéctico, Hegel concebía el Absoluto, o la Razón, forjándose a sí mismo, pensándose a sí mismo como algo cada vez más real.

Recuerda que Kant dijo que no podíamos conocer los nóumena (las cosas como son en sí mismas), sino sólo los fenómenos (las cosas como aparecen ante