FIPO – 363

comparó explícitamente su propio estatus, como persona sin de­rechos políticos, con la situación de los habitantes de las colonias bajo el gobierno británico, antes de la independencia:

De todos mis acusadores, desde el político y dueño de la tienda de la esquina que interpuso la querella, pasando por el alguacil de Estados Unidos, el comisionado, el riscal de distri­to, el juez de distrito, hasta su señoría que está sentado allí enfrente, ninguno de ustedes es mi semejante, pero todos y cada uno son mis soberanos políticos… Bajo tales circunstan­cias, un plebeyo de Inglaterra juzgado ante un tribunal de lo­res hubiese tenido menos motivos de quejas de las que tengo yo, una mujer, al ser juzgada ante un tribunal de hombres…20

A las mujeres estadounidenses no se les concedió el derecho de votar sino has­ta 1920, cuando la Enmienda Diecinueve declaró: “El derecho de los ciudadanos de Estados Unidos a votar no será negado ni reducido por Estados Unidos o por cual­quier estado con base en su sexo.” Anthony había esbozado la enmienda, la cual fue presentada por primera vez en el Congreso en 1847 por un amigo suyo. Ni Ant­hony ni Stanton vivieron lo suficiente para disfrutar el privilegio del voto.

Las críücas de estas feministas de los siglos xvm y xrx hicieron que surgieran preguntas sobre el derecho que tiene el gobierno de mandar. Su atención estaba dirigida al despojo sufrido por las mujeres cuando el Estado les negó sus derechos naturales, pero el debate de sus ideas ocasionó también que se hablara de un asunto más importante: la legitimidad del Estado.

Acaso una mujer podía ser juzgada por sus iguales, como garantiza la constitución es­tadounidense, cuando, en 1873, debía enfrentarse a un jurado constituido por hom­bres?

Susan B. Anthony, enjuiciada por haber intentado votar, de “For Love of WisdomVUtilizada con autorización del Howard Com-municy College.

Resuelto está que las muje­res de este país, debido a que han sido iluminadas respecto a las leyes bajo las cuales viven, ya no publi­carán más su degrada­ción al declararse satisfe­chas con su posición ac­tual, ni con su ignoran­cia, al afirmar que tienen todos los derechos que quieren.

convención de sene­ca falls sobre los derechos de las mujeres, 1848

Muchas veces el sufragio pareció estar a la vuelta de la esquina, pero la lucha para obtenerlo duró

casi un siglo, y mujeres como Susan B. Anthony no vivieron lo suficiente para votar.

Estandarte del sufragio/Reimpresa con autorización del National Woman’s Party [Partido Nacional de la Mujer).