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la creacion del filósofo

Mary Wollstonecraft (1759-1797) Nacida en el seno de lo que hoy llamaríamos una familia disfuncional (su padre era alcohólico y abusivo), Mary Wollstonecraft desempeñó el papel de “ayudante y pro­tectora” de su madre y sus hermanos. En 1786 comen­zó su carrera formal como escritora y crítica en la casa editora de Joseph Johnson, quien le brindó una crítica atenta y cuidadosa de sus escritos, y cuya influencia la hizo madurar como escrito­ra. Tuvo una larga relación con el socialista William Godwin, con quien, a la lar­ga, terminó casándose, aun­que mantuvieron lugares de residencia separados. God­win escribía cada mañana en su propio departamento y, a veces, regresaba a cenar a la casa que compartía con Wollstonecraft. Ella mantuvo su propio estudio en donde escribía. Al igual que mu­chas mujeres de su época, Wollstonecraft murió debido a complicaciones perinato-lógicas de su segunda hija, Mary Wollstonecraft Shelley, autora de Frankenstein.

La libertad es madre de la virtud y si las mujeres son esclavas, únicamente por su constitución, y no se les permite respirar el vigori­zante y penetrante aire de la libertad, entonces deben languidecer como si fueran plantas exóticas y deben considerarse bellas imperfecciones de la natu­raleza.

Mary Wollstonecraft

Al igual que Platón, Wollstonecraft creía que las únicas diferencias entre los gé­neros eran que el hombre engendra y la mujer alumbra y cría a los niños, y que los hombres por lo general son físicamente más fuertes que las mujeres. Decía que los individuos deben ser tratados como individuos, en lugar de considerárseles miembros de grupos de los cuales se hacían suposiciones. Del mismo modo que Platón, ella concluía que no existía ningún argumento racional para excluir a las mujeres de la clase de los guardias (y, por consiguiente, podían ser elegibles para el cargo de rey-filósofo). Así, Wollstonecraft afirmaba que no hay base racional al­guna para brindar a las niñas una educación diferente de la de los niños; concedía que la inocencia era adecuada para la infancia, pero a los adultos de ambos sexos se les debe tratar como criaturas racionales:

En verdad, me parece que los hombres actúan de manera muy poco filosófica cuando tratan de asegurarse de la buena conducta de las mujeres, intentando mantenerlas siempre en la etapa de la infancia. Rousseau era más consistente cuando deseaba detener el progreso de la razón para ambos sexos, pues si los hombres comen del árbol del conocimiento, las mujeres se acercarán para pro­bar; pero debido a lo imperfecto del cultivo que ahora recibe su conocimiento, únicamente obtienen un conocimiento del mal… De hecho, es una farsa llamar virtuoso a cualquier ser cuando dichas virtudes no son resultado del ejercicio de su propia razón. Ésta era la opinión de Rousseau respecto a los hombres: yo la hago extensiva a las mujeres…14

Coincidía con Rousseau en un aspecto importante: si deseamos saber cómo son los seres humanos por naturaleza, la mejor forma de hacerlo es observar a los que han sido menos corrompidos por la civilización. Ella admitía que la fuerza física superior de los hombres es una ley de la naturaleza, pero todas las demás di­ferencias se originan de la educación y la socialización. Wollstonecraft encontró que las afirmaciones de Rousseau respecto a que las mujeres son coquetas por natura­leza (aun antes de recibir la educación social que conduce a que lo sean) no son particularmente filosóficas; además, afirmó que Rousseau no pudo.haber deducido esta afirmación mediante el razonamiento, sino que llegó a ella porque era una opi­nión que ya sustentaba:

Probablemente he tenido oportunidad de observar más-niñas que J. J. Rousseau. Puedo recordar mis propios sentimientos y, además, he observado continuamen­te a mi alrededor; así que estoy lejos de tener la misma opinión que él en cuan­to a los albores del carácter femenino; me atrevo a afirmar que una niña, cuyo espíritu no haya sido sofocado por la inactividad o cuya inocencia no haya sido manchada por la vergüenza hipócrita, siempre será traviesa y las muñecas jamás le llamarán la atención, a menos que el confinamiento no le deje otra alternativa. En resumen, los niños y las niñas podrían compartir los juegos sin ningún riesgo, si la distinción del sexo no se inculca mucho antes que la naturaleza comience a diferenciarios.15

Publicado de manera simultánea en Londres y en Nueva York, en 1792, el Übro de Wollstonecraft influyó enormemente en la conformación del pensamiento moderno de Occidente sobre la igualdad de los géneros. Fue un primer ejemplo de muchos tratados escritos por mujeres y hombres que abogaban por la igualdad entre los sexos. Entre la gran cantidad de personas sobre las que influyó Wollsto­necraft estaba Elizabeth Cady Stanton.