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esposa y se detiene en el acto cuando ella se da cuenta de su propio valor y liber­ad y lo mira con reproche, despertando así su conciencia. Esta moral interna, que se deriva de la libertad humana, es superior a la moral externa, que es producto de la filosofía o de la ciencia natural.12

Mohandas K. Gandhi, conocido por su eficaz uso de la protesta pacífica, narró una historia sobre su propia conversión a los principios de la moral independiente, que parece apoyar la tesis de Coignet respecto a la forma en que ésta surge desde el interior del individuo:

Aprendí la lección de la no violencia de mi esposa, cuando traté de someterla a mi voluntad. Por una parte, su firme resistencia a mi voluntad y, por otro lado, su apacible sumisión al sufrimiento que mi estupidez implicaba, hicieron que sintiera, a final de cuentas, vergüenza de mí mismo y que rectificara mi estupi­dez. Yo pensaba que había nacido para gobernarla, pero ella se convirtió, a la larga, en mi maestra de la no violencia.13

Las protestas pacifistas cuentan, precisamente, con este tipo de respuesta: des­pertar la conciencia y la humanidad del opresor.

Derechos naturales y feminismo

Las mujeres europeas y estadounidenses leyeron con interés los argumentos respecto a la legitimidad del contrato social y las afirmaciones sobre los derechos naturales, y comenzaron a aplicar estos principios a su propia situación social. Algunas mu­jeres estadounidenses, como Elizabeth Cady Stanton y Susan B. Anthony, utilizaron con habilidad documentos como la Declaración de Independencia de Estados Unidos para sustentar la extensión de la igualdad de los derechos políticos a las mujeres. La escritora británica Mary Wollstonecraft consideraba que Rousseau y otros pensa­dores habían excluido a las mujeres del contrato social.

Mary Wollstonecraft y la igualdad de géneros

Una de las obras de Rousseau, Emilio o Tratado sobre la educación, provocó la ira de la filósofa del siglo xvm, Mary Wollstonecraft, pionera defensora de la igualdad de las mujeres. Al esbozar la educación ideal para el personaje masculino que da tí­tulo a la obra, Emilio, Rousseau declaró que todo el propósito de la educación de la mujer debería ser proporcionar “placer al hombre” (su padre, su esposo y sus hi­jos). Wollstonecraft dedicó su obra A Vindication qftheRights ofWoman al estadista francés Tallyrand, quien propuso que la Constitución francesa permitiera la educa­ción de las niñas sólo hasta los ocho años de edad, para que después regresaran a sus casas de forma permanente, en donde pasarían el resto de sus vidas. Resulta evidente que ella esperaba que, al dedicarle la obra, lo obligaría a leer sus análisis. Los argumentos de Wollstonecraft seguían las mismas directrices que los esbozados por Locke y Rousseau, pero exhortaban a que se aplicara un conjunto consistente de criterios tanto a los hombres como a las mujeres.

Muchos, que al menos han descubierto que los negros tienen algunos derechos, al igual que los otros miembros de la familia humana, todavía no están convencidos de que a la mujer deba dár­sele alguno… “El derecho no tiene sexo.” Frederick douglass, editor del northstar