FIPO – 356

figura 8.2   la versión de locke sobre el. contrato social.  Locke creía

que el contrato entre el individuo y el Estado era condicional; los individuos se reservaban la opción de retirar su consentimiento y conservar sus derechos naturales.

de esos derechos (observa la figura 8.2). No obstante, este contrato social resultante establecido entre los ciudadanos tiene un carácter condicional, más que absoluto. Vivir en un Estado implica el consentimiento para establecer un contrato social, pe­ro si el Estado abusa del poder conferido por sus ciudadanos, ellos se reservan el derecho de rebelarse. A diferencia del Leviatán de Hobbes, para .Locke, el Estado únicamente existe por la voluntad de los ciudadanos que lo crearon. El trato con­siste en que renunciamos a cienos derechos a cambio de otros. En consecuencia, respetar los semáforos e incluso cumplir con los impuestos son precios legítimos que pagamos en aras de tener una sociedad ordenada que cuente con escuelas públicas y protección policiaca:

Si un hombre en su estado natural es tan libre como hemos descrito… ¿por qué abandonará su libertad, este imperio, y se someterá a sí mismo al dominio y control de cualquier otro poder? A lo cual resulta obvio responder que, a pesar de que en el estado natural tiene ese derecho, el disfrute del mismo es muy in­cierto y está constantemente expuesto a la invasión de otros… No es sin razón que busca y desea unirse en sociedad con otros que ya se han juntado o que están pensando unirse para la mutua preservación de sus vidas, libertades y per­tenencias, a lo cual designo con el nombre genérico de propiedad.10

El punto de vista de Locke era que el contrato social es temporal y contingente al buen desempeño del Estado, servidor del pueblo. En el momento en que el Es­tado se vuelve tiránico, viola los términos del contrato y no merece más el apoyo de la gente. Si creemos que las personas a quienes hemos elegido para gobernar­nos están abusando del poder, tenemos la justificación para derrocar al gobierno y establecer uno nuevo. En efecto, también renegociamos nuestro contrato social