FIPO – 355

Los subditos podrían desconocerlo y elegir otro soberano, pero no rjodrían sustraerse de ser gobernados por alguien distinto a ellos. Bajo una delgada capa de aparente civilización, creía Hobbes, somos exactamente como Jack y su banda de asesinos.

Para reflexionar de manera útil sobre este asunto podríamos considerar la relación entre la policía, como agentes del Estado, y los ciudadanos de ese Estado. La cintas de video que muestra la forma en que los agentes de la.policía de Los Ángeles golpean sin cesar al automovilista Rodney King sembró el temor en los corazones de algunos estadounidenses, mientras que otros defendieron el uso de la fuerza por parte de los oficiales, pues decían que era necesario y conveniente. ¿Acaso algunas partes de la ciudad son “zonas de guerra”, en las que la policía debe suponer que “está enfrentando a Jack y a su banda de asesinos? ¿Son las situacio­nes de vida o muerte, o la potestad de portar un tolete y una pistola lo que ha vuelto a algunos oficiales primordialmente agresivos?

John Locke y los derechos naturales de los ciudadanos

Locke, cuya teoría del conocimiento analizamos en el capítulo 5, tenía una concep­ción más benigna que Hobbes respecto a la naturaleza humana, la cual se refleja en su versión de la teoría del contrato. Mientras que Hobbes creía que resultaba ne­cesario un contrato social para protegernos de lo peor de nosotros mismos y de los demás, Locke consideró que un contrato social serviría para preservar lo mejor de nosotros: nuestros derechos naturales. Arraigado en la tradición de la ley natural, el concepto de Locke de los derechos naturales suponía que cualquiera que consultara la ley de la razón distinguiría los derechos dados por Dios de los otros, concernientes a la vida, la salud, la libertad y la propiedad:

El estado natural obedece a una ley natural que lo gobierna y que obliga a todos a obedecerla; asimismo, la razón, que es dicha ley, ensena a toda la humanidad, quienes habrán de consultarla, que al ser iguales e independientes, nadie debe dañar a otro en su vida, salud, libertad o posesiones…8

Nacido en una época más apacible que la de Hobbes, Locke atestiguó la pacífica transformación de Inglaterra, de una monarquía absoluta a un gobierno constitucional que asignaba un papel más poderoso al Parlamento, gracias a la así llamada Revolución Gloriosa de 1688. Al examinar el hipotético “estado natural”, Hobbes no veía más que caos y anarquía, en tanto que Locke veía los derechos na­turales de los ciudadanos. Al haber sido creados por Dios, los seres humanos son, en palabras de Locke, “propiedad de Dios”; como tales, hemos sido creados para servir sólo a Dios, y no a otros humanos, y fuimos creados para estar a disposición de la voluntad divina. Puesto que somos materia divina, dice Locke, cada uno de nosotros tiene el derecho a la vida, a la libertad y a cualquier propiedad que pueda acumular mediante el ingenio o el trabajo arduo:

Para comprender correctamente el poder político y derivarlo a partir de su origi­nal, debemos considerar el estado en que todos los hombres se encuentran na­turalmente, y éste es un estado de libertad perfecta para ordenar sus acciones y para disponer de sus propiedades y personas como les convenga, dentro de los límites de la ley de la Naturaleza, sin pedir permiso o depender de la voluntad de cualquier otro hombre.9

El orgullo o la vergüenza que sientan nuestros nietos estarán determinados por el hecho de que nos con­virtamos en el primer gran imperio que tenga mayo­res ambiciones que sólo ser un gran imperio. Richard rorty

Locke afirmaba que, al estar dotados de derechos naturales, los ciudadanos crearían de manera voluntaria un Estado para que los auxiliara en la salvaguarda