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parte que se aplica de manera directa a nosotros, como criaturas hechas por Dios). La ley natural ocupa la posición intermedia Qa cual es un conjunto de principios que constituyen una reflexión sobre la forma en que son las cosas, la manera en que Dios las creó y que la razón humana es capaz de discernir). En la ubicación infe­rior se encuentra la ley humana, y Tomás de Aquino estableció con claridad su creencia de que la ley humana tiene sus limitaciones: “la ley humana no puede revocar ninguna parte de la ley divina ni de la ley natural”.5

Todas estas leyes nos son impuestas, lo que significa que estamos obligados a obedecerlas, pero es evidente que algunas son más imperiosas que otras. En el cur­so normal de los acontecimientos, se espera que un ciudadano obedezca la ley ci­vil. Tomás de Aquino no deseaba exentarnos de cosas como detenerse ante la luz roja del semáforo o acudir al llamado de una corte. Sin embargo, si una ley civil entra en conflicto con la ley natural o con la ley eterna, no sólo podemos violarla, sino que debemos hacerlo.

Tal vez recuerdes que en el Critón, Sócrates decidió que debía beber la cicu­ta precisamente porque las leyes de Atenas (bajo las cuales había vivido feliz toda su vida, sin queja alguna) le exigían que así lo hiciese. Tomás de Aquino sostuvo una posición significativamente diferente en este punto. Para él, la ley civil (sin im­portar qué tan bien haya sido confeccionada) nunca puede tener la autoridad final; siempre existe una “ley superior” que debemos tomar en cuenta y obedecer.

Al alegar la obligación de obedecer una “ley superior”, mucha gente se ha visto en la necesidad de quebrantar leyes civiles y ha llevado a cabo acciones conocidas como desobediencia civil. Mohandas K. Gandhi utilizó esta práctica de manera eficaz en la India, cuando condujo a miles de conciudadanos a oponerse de mane­ra pacífica a las leyes del gobierno colonial inglés, las cuales consideraba injustas. En Estados Unidos del siglo xrx, Henry David Thoreau fue encarcelado por negarse a pagar impuestos que él creía que se utilizaban para propósitos inmorales. En nuestro siglo, Martin Luther King Jr. fue a parar a una cárcel de Birmingham por una negativa similar de obedecer una ley civil. Y aunque las personas que efectúan actos de desobediencia civil usualmente alegan obediencia a una ley moral supe­rior, ya sea a la ley eterna o a la divina, también pueden alegar principios huma­nos superiores. Durante la guerra de Vietnam, varios jóvenes, algunos de ellos ateos, rehusaron enlistarse en las fuerzas armadas debido a que consideraban que matar era un acto moralmente incorrecto. Siempre que los individuos cometen actos de desobediencia civil, la autoridad civil se ve amenazada. Sin embargo, du­rante la Edad Media una tesis aún más perturbadora afirmaba que la Iglesia, y no el Estado, debe ser la autoridad final. Tanto San Agustín como Tomás de Aquino insistían en que, a pesar de que el Estado tenía obligaciones y derechos propios de su ámbito, debía, subordinarse a la Iglesia, del mismo modo que las leyes del Estado deben siempre subordinarse a la ley divina.

Aunque ambos filósofos afirmaban que la ley natural se derivaba de una ley divina, eterna, no todos los teóricos defensores de la ley natural pensaban del mismo modo. Por supuesto, Aristóteles era uno de ellos, como también Thomas Hobbes, un filósofo político del siglo xvn, quien era un materialista cabal. En el sistema de Hobbes no existe ningún poder por encima de la naturaleza; más bien, es por nuestro propio interés racional que debemos obedecer las leyes naturales. Por ejemplo, deberíamos buscar la paz en la medida en que haya alguna esperanza de lograrla, pero una vez que se desvanece tal esperanza deberíamos emplear todos los medios disponibles para defendemos. Ésta es una ley de supervivencia que presupone un ambiente hostil.

Jerarquía de las leyes según Tomás de Aquino

Ley eterna

Ley natural

Leyes hechas por los humanos

Figura 8.1   La ley natural   Tomás de Aquino concebía la exis­tencia de una jerarquía para las leyes.

desobediencia civil

inobservancia de una ley civil como protesta, ape­lando la existencia de una ley superior que sí es ob­servada

Mi vida es mi mensaje.

moha