FIPO – 349

Es interesante observar que, en una sociedad en la que sólo se permiten pa­peles restringidos para las mujeres, La República ofrece el trabajo de rey-filósofo ‘Lanío a los hombres como a las mujeres. El principal atributo no es el género, sino la “naturaleza” adecuada para el trabajo. Quienes la posean se someterán a capacita­ción y disciplina, a fin de prepararlos para desempeñar el papel y, Platón argumenta, sería tan insensato eliminar a la mujer con base en su género como prohibir a los calvos que sean zapateros. Al aceptar que los hombres engendran a los niños en tanto que las mujeres los dan a luz, y que los hombres por lo general son física­mente más fuertes, Platón no deja de insistir en que debemos buscar y encontrar a los individuos que tengan la naturaleza apropiada para ser reyes-filósofos:

De modo que si un género llegara a ser mejor que el otro para algunas profesio­nes u ocupaciones, entonces afirmaremos que ésa es una ocupación que debe asignarse a tal género. Pero si la única diferencia radica en que las mujeres pa­ren progenie, en tanto que los hombres montan mujeres, entonces… seguiremos pensando que… en una comunidad no existe ningún trabajo administrativo que pertenezca a una mujer qua mujer o a un hombre qua hombre… Las cualidades innatas se han distribuido de manera igualitaria entre los dos sexos y las mujeres pueden llevar a cabo cualquier ocupación del mismo modo que los hombres, a pesar de que. sean el sexo más débil en todos los aspeaos.2

Aristóteles compartía la desconfianza de Platón respecto al gobierno de la gen­te común; coincidía con él en que los ciudadanos ordinarios no podrían ser capa­ces o no desearían procurar las necesidades de la sociedad en su conjunto, y en cambio actuarían para satisfacer sus propios finés egoístas. Aunque Aristóteles cri­ticaba algunos conceptos clave delineados en La República (entre ellos la idea ra­dical de las mujeres como gobernantes, los matrimonios controlados por el Estado y la educación infantil comunal), estaba de acuerdo con la hipótesis básica de Pla­tón de que no podía confiarse a la gente un proceso tan importante como la elec­ción de un gobernante. Evidentemente, la mejor alternativa era ser gobernados por una élite, y Aristóteles defendía esta propuesta bajo la forma de ley natural.

La ley natural: los estoicos, Aristóteles y Tomás de Aquino

 Hace más de 2000 años, los estoicos (revisa el Interludio histórico B) introdujeron la idea de que la razón era el principio identificador tanto para el mundo natural como para los seres humanos. Los cuerpos celestes se mueven a través del cosmos en una sucesión ordenada, en tanto que aquí, en la Tierra, una estación sigue a otra, con una confortante regularidad. En el ser humano, la lógica nos permite con­trolar nuestras pasiones y comportarnos de manera racional. Así pues, tanto los do­minios naturales como los humanos están gobernados por la razón, por medio de lo que los estoicos y otros antiguos filósofos griegos llamaron logos. Se concebía la razón humana como una “chispa” del logos que crea y dirige el sistema natural. Tal vez reconozcas el concepto de que los seres humanos comparten una chispa de la divinidad, ya que se encuentra en el judaismo, el cristianismo y el islamismo como una forma de explicar la posición única que guardan los seres humanos .entre los animales y la divinidad.

Dentro de este ordenamiento de la sociedad, los estoicos nos harr propor­cionado el concepto de una ley natural que fluye desde el logos y expresa la