FIPO – 348

Platón tenía cuidado en no poner las herramientas de la filosofía en manos de gente indigna, porque temía que hiciesen lo mismo que los sofistas: valerse de la filosofía para explotar y confundir a los incautos, a la vez que obtenían dinero y la trivializaban durante el proceso. Después de cinco años dé enseñanza filosófica, los candidatos serían enviados de nuevo a la “caverna” para seguir “madurando”. Re­cuerda la alegoría de la cueva que vimos en el capítulo 1. Para Platón, el mundo percibido era un mundo de ilusión; cualquier futuro gobernante debe aprender a sobrevivir en ese mundo, lo mismo que en el mundo de la academia. En térrninos actuales, podríamos estar tentados a decir que cualquier educación íntegra debe induir las “enseñanzas de la calle”, que es la habilidad para sobrevivir e induso prosperar en el violento mundo cotidiano. Un futuro gobernante no debería estar endaustrado en una torre de marfil intelectual, sin tener la más mínima idea de la forma en que las teorías pueden ponerse en práctica y sin el sentido común nece­sario para sobrevivir.

En este nivel de preparadón, el candidato (o candidatos) restante tendría cerca de 50 años. Al haber pasado todas estas pruebas, dicho individuo estaría

calificado para servir como rey-filósofo, el gobernante ideal de Platón. Una vez elegido, el rey-filósofo gobernaría con absoluta autoridad como un dictador benévolo. Después de todo, ¿quién de la población en general podría imaginarse mejor capacitado para guiar al Estado que este experto en el arte de gobernar?