FIPO – 347

en un gobernante?, ¿no estarías de acuerdo en que la capacidad de pensar con claridad, de analizar con sagacidad, de dirigir un ejército (en caso de ser necesario) y de negociar acuerdos son las habilidades que en verdad resultan imprescindibles en un líder político? Si así es, entonces las obras de Platón constituyen un reto pa­ra explicar por qué el proceso utilizado para elegir un líder en una democracia no pone a prueba ninguna de estas cualidades y, en cambio, atiende a un conjunto de rasgos completamente ajeno.

En nuestra propia época, el advenimiento de la cobertura instantánea de los medios masivos de comunicación ha contribuido a confundir más la situación. Tener la capacidad de responder preguntas complejas con contestaciones que se ciñan a los 15 o 30 segundos que asignan los noticiarios vespertinos, parece ser la habilidad más importante para ganar una elección presidencial. Muchos analistas políticos creen que una razón clave por la que en Estados Unidos Richard Nixon perdió la elección presidencial de 1960 por un margen muy estrecho fue que, durante los debates televisados, su “sombra de las cinco de la tarde” lo hacía ver­se siniestro, en tanto que la apariencia bronceada de John F. Kennedy acentuaba su imagen juvenil y vigorosa.

Este tipo de situación es un ejemplo clásico de por qué Platón odiaba la democracia y desconfiaba de la capacidad de la gente para elegir un buen líder. Si hacemos a un lado la cuestión de quién pudiera ser el mejor candidato, las cuali­dades superficiales, en vez de las sustanciales, son las que influyen en la opinión pública. Platón veía que la gente podía aprender a manipular imágenes, de mane­ra que las decisiones vitales (como las relacionadas con quién debería ser elegido para gobernar) se tomarían sobre juicios superficiales. Como resultado, en vez de la democracia, él estaba a favor de una cuidadosa educación y capacitación de un líder desde la juventud. La gente no intervendría en la selección de este líder por­que puede ser engañada y manipulada con facilidad; las personas rara vez saben lo que es bueno para ellas y no cuentan con la objetividad para elegir a un líder que tenga las cualidades necesarias para gobernar con sabiduría.

Antes de que rechaces la idea de Platón, piensa un minuto en tus amigos y en tu familia. ¿Cuántos de ellos votan’ Y de quienes lo hacen, ¿cuántos reflexionan con seriedad sobre los asuntos en consideración cuando emiten su voto? ¿Conoces a alguien que haya votado por la persona que mejor viste o que tiene mejor aparien­cia? ¿Cuántas personas intentan elegir al candidato que beneficiará a todo el país y no ven sólo sus propios intereses? Si Platón viviese, nos exhortará a que hiciéramos un honesto y exhaustivo juicio del proceso político que se tiene en estos momen­tos, y que nos preguntáramos si está diseñado para encontrar a la mejor persona para el puesto.

En el Estado utópico descrito en La República- de Platón, se elegiría a los niños más prominentes y prometedores, y el Estado los separaría de sus padres para educarlos. En los primeros 10 años, su educación seria principalmente física y se concentraría en la gimnasia (recuerda que el ideal griego era mente sana en cuerpo sano y que se consideraba que ambos elementos estaban estrechamente relaciona­dos). Durante los siguientes 10 años, se añadirían a su curriculum la música y las matemáticas. Al final de estos 20 años se llevaría a cabo un proceso llamado La Gran Eliminación en la que se utilizarían exámenes, lo mismo que trabajos pesados, fatigas y conflictos para eliminar aquellos que no estuviesen capacitados para con­tinuar. Los que siguieran tendrían otros 10 años de entrenamiento en los aspectos físicos, intelectuales y de carácter. Losque sobrevivieran a una segunda prueba, que sería más severa que la primera, estarían entonces listos para estudiar filosofía.

Están equivocados quienes piensan que la política es como un viaje por el océa­no o una campaña mili­tar, algo que debe hacerse con algún propósito par­ticular a la vista, algo que termina tan pronto como se llega a la meta. No es un quehacer público que deba completarse. Es una forma de vida.plutarco

Pocos hombres están situados en circunstancias tan afortunadas para poder ganar un cargo, o conservarlo por el tiempo que sea, sin engañar o descarriar al pueblo. F. S. Oliver