FIPO – 344

TERCERA PARTE: ¿CON QUÉ VALORES VIVIRÉ EN EL MUNDO?

Las apuestas son demasia­do altas corno para que el gobierno se convierta en un deporte espectáculo.

barbara jordan

Aquel que fabrica la pólvora es quien gana las batallas.

Proverbio de Benín (antiguo dahomey)

totalitarismo creencia política en que el poder para gobernar debe ser otorgado solamente al Estado

anarquismo creencia política que afirma que deben abolirse todas las formas de gobierno, pues interfieren con los dere­chos individuales

escolares, las organizaciones a las que perteneces, tus transacciones financieras, tus donativos a campañas políticas, los registros de tus contribuciones a organizaciones políticas, la clase de ropa que compras, con quién hablas por teléfono, los lugares en que te hospedas cuando sales de la ciudad, tu historial médico y de tránsito, y muchas cosas más. Aunque no contamos con un banco nacional de información co­mo el que George Orwell describió en su novela 1984, estas bases de datos más modestas pueden conectarse con facilidad entre ellas. La información que haya si­do introducida de manera incorrecta o inexacta puede utilizarse para negarte un cré­dito o un empleo; algunas veces incluso desconocemos que esa información dañi­na está contenida en nuestros expedientes hasta que nos niegan el préstamo para la compra de un automóvil o no podemos rentar un departamento.1En Estados Unidos, el número de nueve dígitos de afiliación al seguro social se utiliza de forma tan frecuente y la información relacionada con él está vinculada de forma tan efectiva, que, al parecer, no hay forma de sustraerse de los bancos de datos, los cuales representan en la actualidad una industria de miles de millones de dólares al año. En la novela 1984, el gobierno controla toda la información en Ocea-nía y les recuerda a sus ciudadanos el control que ejerce a través de una repetición constante de la frase “Big Brother Is Watching You” [“El Hermano Mayor te vigila”]. Como controlador de la información, el Partido también reescribe la historia conti­nuamente. Si Oceanía estaba en guerra con Asia Oriental, la historia demostraba que el aliado de Oceanía, Eurasia, era un país noble. Sin embargo, cuando las alianzas se trastocaban y Oceanía luchaba ahora en contra de Eurasia, todos los libros de historia se cambiaban para demostrar que Eurasia era, y siempre había sido, un acérrimo enemigo y un lugar maligno y despreciable. Como observamos en el capítulo 6, la “verdad” de la historia depende en gran medida de quien la esté escribiendo.

La ley es la línea divisoria tradicional entre el individuo y la sociedad (repre­sentada por el Estado), pero existen leyes para proteger a los opositores. Sin embargo, ¿qué pasa si un opositor descubre que sus impuestos sobre la renta fueron audita-dos cada año? ¿Esto constituiría un abuso de la autoridad del Estado? ¿Qué pasa si el gobierno decide que sabe lo que es mejor para todos los ciudadanos y comienza a perseguir de manera sistemática a los disidentes, en nombre del bien público? La pregunta que plantea la filosofía es ésta: ¿dónde comienzan los derechos del Esta­do y dónde los de los individuos, y quién recibiría el beneficio de la duda en los casos de conflicto?

Algunos filósofos han argumentado que el Estado existe para servir y proteger los derechos individuales; otros han hecho hincapié en que el individuo existe pa­ra servir al Estado (en parte, para el propio bien del individuo). Hay un espectro de opiniones que van desde el totalitarismo Qa creencia en que el poder del Estado debe ser absoluto) hasta el anarquismo Ga creencia de que, idealmente, no debe­ría existir ningún tipo de Estado). Tu opinión sobre la naturaleza humana determi­nará en gran medida en qué parte de este espectro continuo te ubican tus propios puntos de vista. Si tienes confianza en la bondad y la decencia básicas de la gente, tal vez estés más dispuesto a confiar en que tendrán un comportamiento correcto sin que haya necesidad de alguna intervención del Estado; por el contrario, si piensas que los seres humanos son egoístas, quizá desees controlar sus tendencias agresivas mediante el poder de un Estado fuerte.

La pregunta que debes plantearte es dónde se ubican tus simpatías: en los de­rechos del individuo o en el deber del Estado de regular a la sociedad. Considera