MENSAJE DEL PRESIDENTE DE LA JUNTA DE GOBIERNO, COMANDANTE DAVID SAMANEZ OCAMPO, ANTE EL CONGRESO, EL 8 DE DICIEMBRE DE 1931

MENSAJE DEL PRESIDENTE DE LA JUNTA DE GOBIERNO,
COMANDANTE DAVID SAMANEZ OCAMPO,
ANTE EL CONGRESO, EL 8 DE DICIEMBRE DE 1931
Señor Presidente de la Asamblea Constituyente;
Señores Representantes:
Fruto de necesaria evolución que sólo podrá juzgarse con el correr del tiempo,
la Junta Nacional de Gobierno, que representó la conjunción de anhelos de esa
libertad electoral que proclamó la revolución de agosto y defendió el
movimiento cívico y militar del sur y de la acción vinculadora de la Junta que
presidió el señor comandante Jiménez, viene a la Asamblea Constituyente a
entregar el poder que recibió en horas de inquietud y de crisis tan graves y tan
hondas, que parecía ya vecino a hundirse el edificio mismo de la República.
Nacida en hora tremenda; vigilada por todas las ambiciones y todas las
suspicacias; flanqueada por contradictorias objeciones; blanco y centro de la
vehemencia de los reformadores y de la reserva de los reaccionarios; la Junta
Nacional de Gobierno quiso y cree haberlo logrado, mantener como
moderadora suprema, el equilibrio social y político mientras preparaba el
advenimiento de un sistema nuevo que diera a la ciudadanía la conciencia
libérrima de su legítima personería electoral.
No le toca a ella juzgar su propia obra, que entrega con la limpia convicción de
su buena voluntad, al fallo inapelable de la historia; pero afirma que siempre
procuró, dentro de un orden que las circunstancias hacían quebradizo e
inestable, garantizar a los partidos y a los ciudadanos el ejercicio amplísimo de
sus derechos al amparo de organismos autónomos que han realizado su labor
con plena independencia. La Junta, en este sentido, puede declarar, a la vez
sin jactancia y sin modestia, que ha sentado en nuestras costumbres políticas
un precedente que no podrá borrarse nunca: la completa abstención del
Gobierno en la contienda electoral.
Respetuosa y tolerante con todos, sin excepción, la Junta Nacional de
Gobierno ha hecho, también, el ensayo de convenir en una absoluta libertad de
prensa que la conciencia culta del país y la posteridad juzgarán hasta que
punto fue bien apreciada y ejercida.
Habiendo tenido que asumir los Poderes Ejecutivo y Legislativo, como lo
requerían las circunstancias, ha procurado llenar su misión con prudencia y con
justicia, atendiendo solicitaciones de la opinión y asistiéndose del consejo
experimentado de los doctos. De su trascendente labor en este orden de
cosas, se da cuenta en las respectivas memorias presentadas por los
miembros encargados de las diversas carteras del Estado.
Llenada su tarea, cumplida su promesa, en medio de dificultades sin cuento en
los órdenes económico, político y social, la Junta, en el seno de esta ilustre
Asamblea, cree tener el derecho de concitar el patriotismo de todos para que,
al organizarse la nueva vida del país, distantes del odio que separa, del interés2
que divide, de la ambición que perturba, con el alma toda entera puesta en la
justicia, en la libertad y en la patria; se emprenda la obra de rehacer este país,
tan rudamente quebrantado por lamentables errores, por absurdos espejismos,
por minúsculos y personalistas intereses, profundamente convencida de que
los destinos de la patria dependen mucho más que de la perfección de las
leyes, del hábito sencillo y sano con que aprendamos a respetarlas.
Señor Presidente y señores Representantes de la Asamblea Constituyente:
La Junta Nacional de Gobierno, con la inmensa satisfacción del deber
cumplido, resigna en la Asamblea los Poderes que recibió de la nación. Por vez
postrera en la ilusionada esperanza de ser oída, hace un llamamiento a la
concordia, a la unión, al mutuo respeto entre los ciudadanos como único medio
de salvar a la República y expresa su vehemente deseo de que el acierto
presida en el Gobierno del ciudadano a quien la nación ha entregado la
compleja y difícil dirección de sus destinos.