MENSAJE DEL SEGUNDO VICEPRESIDENTE DEL PERÚ, ENCARGADO DEL PODER EJECUTIVO, SERAPIO CALDERÓN, AL CONGRESO NACIONAL, EL 24 DE SETIEMBRE DE 1904

MENSAJE DEL SEGUNDO VICEPRESIDENTE DEL PERÚ,
ENCARGADO DEL PODER EJECUTIVO, SERAPIO CALDERÓN,
AL CONGRESO NACIONAL, EL 24 DE SETIEMBRE DE 1904
Honorables legisladores:
A pesar de no pocas contrariedades propias del periodo crítico que acabamos
de atravesar, he cumplido, mediante el auxilio de la Providencia, los deberes de
mi cargo, rindiendo religioso respeto a las leyes, manteniendo la paz,
consagrándome al incremento de nuestras riquezas, a la realización de las
obras nacionales de vital importancia y velando sin cesar porque se conserven
incólumes la honra y la dignidad de la República.
He tenido la buena suerte de que los resultados de mis gestiones hayan
correspondido a mis patrióticos anhelos.
Así, puedo asegurar, sin temor de equivocarme, que habiendo encontrado –al
asumir el ejercicio del poder– cercada a la República de graves dificultades y
peligros, la dejo ahora en condiciones satisfactorias.
La Historia, al registrar sus anales los actos del Gobierno que hoy termina, hará
cumplida justicia a la rectitud de sus procedimientos.
Se explica que las pasiones políticas la desconozcan, porque son ciegas; pero,
cuando llegue la hora de los juicios serenos y tranquilos, brillará como brilla el
sol en límpido cielo, cuando se disipan las nubes.
La justicia discernida por los contemporáneos, resplandece aún más en la
posteridad.
Habiendo sido electo por los pueblos y proclamado por vosotros el nuevo
Presidente que debe asumir, en esta solemne ceremonia, la primera
magistratura de la República, os entrego inmaculada la insignia presidencial,
que ciñe por ministerio de la ley.
Que bajo el nuevo Gobierno sea la República tan feliz como merece serlo, por
la nobleza de sus hijos, que consolidarán la paz a la sombra de la ley y
labrarán la grandeza de la patria, mediante el trabajo y la concordia.
Estos son los fervientes votos que elevo al cielo al declarar terminadas mis
labores